
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
-Voy al baño. -dijo Harry. Solo asintió en respuesta, escuchando el agua de la ducha caer unos minutos después.
En otro momento se le hubiera unido, pero esa noche no.
No estaba seguro si era el momento adecuado, pero tampoco creía que "el momento correcto" realmente existiera para lo que quiera preguntarle. Se envolvió en su bata verde y se encaminó al baño, apoyándose en el marco de la puerta. Harry ya estaba aseado y con una toalla envuelta en la cintura y otra en su cabeza, secándose el cabello.
Noto su presencia rápidamente, mirándolo a través del espejo.
-¿Qué somos? -pregunto, intentando ignorar el latido acelerado de su corazón.
-¿A qué te refieres?
-Vienes a mi departamento a dormir, me follas y ni siquiera eres capaz de reponer todo lo que comes, así que quiero saber ¿Qué somos?
-Comemos, yo cocino para ambos. -Se defendió Harry, un poco avergonzado.
Esa no era la respuesta que buscaba y se lo hizo saber con su ceño fruncido. Harry sabia a que se refería con su pregunta, solo estaba haciéndose el tonto para ganar tiempo.
-Potter, necesito que seas un adulto ahora. -dijo, cruzándose de brazos ya un poco molesto.
-Tampoco soy un niño. -Alego por lo bajo, rascándose la cabeza. El típico gesto que hacía cuando se ponía nervioso. -¿No estamos bien con lo que tenemos?
-No, porque creo que me estoy enamorando.
Fue como tirar una bomba. Casi escupió las palabras, una cosa era haberse dado cuenta en su adolescencia lo que sentía por Potter y otra muy distintas era decirlo en su cara, con años y años cultivando ese sentimiento.
Jamás le había visto una cara de sorpresa tan grande como ahora.
-¿De mi? -La incredulidad en su tono de voz casi le hizo reír.
-Potter...
-Ya, claro, por supuesto que de mi. -Potter bajo la mirada, como si las baldosas del piso fueran a susurrarle la respuesta adecuada. -Mira yo... Nunca pensé en ti como algo más.
Asintió, sintiendo su pecho apretarse. Esperaba el rechazo y aun así no lo hacía menos doloroso.
Su buena relación en el trabajo, las salidas al bar muggle a tomar una cerveza, las noches de películas y sexo, y las comidas caseras que compartían cuanto coincidían en horarios, se habían terminado. Eso era todo.
Estuvo a punto de pedirle que se fuera cuando lo escucho tartamudear.
-¿Me darías tiempo para pensarlo? -preguntó Potter, con la cara brillante en rojo.
-¿Puedes pensar en mí como algo más? -Ahora los papeles se habían invertido y era él quien sonaba todo incrédulo.
-Yo, bueno, si, quiero decir... -El corazón de Draco dio un vuelco, latiendo como loco. -Lo siento, es que esto es muy repentino y necesito tiempo para asimilarlo.
-Claro. -Respondió.
Salió del baño y de su habitación, dejando que Harry se vistiera y dándose tiempo a sí mismo de calmar la cara de bobo enamorado que seguramente tendría en ese momento. Quizás Potter no lo sabía, pero había depositado dentro de él una esperanza que hacía años había perdido.
Era momento de tomarse un té de tilo.
Harry apareció un tiempo después, ya con su ropa puesta y bastante inseguro de qué hacer en ese momento. A veces era tan torpe, pero incluso eso le gustaba.
-Será mejor que hoy te vayas a tu casa. -Dijo, ofreciéndole una salida.
El moreno asintió, tomando el resto de sus cosas y dirigiéndose a la chimenea, agarrando un puñado de polvos flú. Estuvo a punto de irse cuando de pronto se dio la vuelta, caminando en su dirección y depositando un torpe beso sobre sus labios.
-Prometo darte una respuesta pronto. -Aseguro, igual de colorado que Draco en ese momento. Ni siquiera le dio tiempo de responderle cuando el auror salió corriendo a la chimenea, desapareciendo cuando las llamas lo envolvieron.
Draco por fin se dejó caer sobre el sillón, por esas cosas era que estaba tan enamorado de ese imbécil...