
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Draco apagó las luces del primer piso con un movimiento de varita. Subiendo por las escaleras hasta llegar al pasillo, iluminado por la luz que escapaba del cuarto de Teddy. Estaba por ir a su cuarto cuando escucho algo que lo hizo dar marcha atrás.
-¿Es verdad? –Hablo Teddy entre susurros somnolientos. –Las cosas que dicen del tío Draco ¿son verdad?
Teddy sabía que durante la guerra había estado del lado equivocado, del bando que asesinó a su padre y a su madre. Draco tenía pesadillas recurrentes de un Teddy más alto, más mayor, enojado con él y resentido por crecer sin padres, aun cuando él no había sido el asesino.
Se recargo en la pared, muy cerquita de la puerta. Algo de él necesitaba escuchar lo que Harry tendría para decir.
-Algunas. –respondió su pareja, Draco cerró los ojos con fuerza. No es como si pudieran mentirle, no cuando tenía la marca que a toda costa intentaba esconder del chico. –Quizás escuches más cuando entres a la escuela y cuando eso suceda, quiero que recuerdes quién es él cuando está contigo y conmigo, aquí en casa.
-¿Cuándo me obliga a lavar los platos y ordenar mi cuarto?
-Teddy...
-Ya, solo bromeo, sabes que bromeo. –Las risas de ambos que se escuchó por el pasillo eran ungüento para el dolor en su pecho. A veces se preguntaba si la estadía de Teddy en Hogwarts se vería truncada por la relación que tenía su padrino con él, de todo corazón esperaba que la fama de Harry tapara la suya propia... –La marca no lo es todo ¿no es así?
-No, Draco es más que la marca en su brazo, ahora es algo del pasado. –Escucho a Harry conjurar un patronus, siempre lo hacía para Teddy, cada noche desde que era un niño. –Aun así la gente tiene miedo, y no puedes enojarte por eso, tienes que entender que la guerra fue muy dura para todos. Siempre se pierde mucho tras una guerra.
Quizás estaban pidiendo que el niño entendiera más de lo que debería. Luego hablaría con Harry sobre eso...
-¿Tu nunca le tuviste miedo?
-Jamás.
Los ojos le comenzaron a picar, quizás no hubiera sido buena idea escuchar a escondidas.
-¿Cómo supiste que era bueno?
-Draco no es bueno, no en el sentido que nosotros conocemos.-Harry rio, contagiando a Teddy. –Pero luego de lo que pasamos tanto él como yo, solo creí que podría cambiar. Cambiamos Teddy, todos lo hacemos.
Presionó sus dedos en el punte de su nariz, dispuesto a encerrarse en el baño y lavarse la cara, pero nuevamente la voz de Teddy lo detuvo.
-No le digas, pero me agrada... y tampoco creo que sea malo.
-Lo sé y créeme que él también lo sabe. –Se escuchó movimiento, y sabía que Harry estaría arropando al niño. –Buenas noches.
-Buenas noches, ¡ah! dile al tío Draco que mañana quiero panqueques para el desayuno.
-Le diré.
Harry no esperaba ver al hombre encorvado junto a la puerta del cuarto de Ted, pero sonrió dulcemente, cerrando la puerta tras de él. Se sorprendió aún más cuando se acercó a Draco y este intentaba ocultar con sus manos las lágrimas que corrían por su rostro.
-¿Estás llorando? –Dijo un poco espantado, era tan extraño verlo llorar.
-Cierra la boca Potter, puedo hacer lo que quiera en mi propia casa. –Gruño Draco. Harry rodó los ojos, riéndose ante el gesto que le salió tan natural, realmente se podían copiar expresiones de su pareja tras muchos años de convivencia.
-Nuestra casa. –Le aclaro, apartando las manos de su novio y secando su rostro con las suyas. –Te amo, amo lo bueno que eres con Teddy y lo bueno que intentas ser para mi, te amamos Draco. –Sabía que su marido necesitaba escucharlo y estaba más que feliz de recordárselo todo el tiempo, todos los días lo especial que eran en su vida. -Te mereces todo el amor del mundo.
Draco se dejó besar, escapando de sus brazos ya más calmado y evidentemente avergonzado.
-Basta... -Dijo cuando Harry no se lo permitió, abrazándolo por detrás.
-Vamos a la cama. –Le susurro, besando su cuello. Caminaron torpemente hasta su habitación, no quería soltarle porque sabría que se encerraría en el baño. Todo manso, su marido dejó que lo recostara en la cama, aún tenía los ojos un poco rojos pero ya no lloraba. Harry hizo lo mismo a su lado, aguantando la risa cuando Draco se acomodó en su pecho, abrazándolo con fuerza. A veces realmente era todo un niño mimado. Entonces recordó algo de la conversación con su ahijado. -¿Podrías hacer panqueques mañana?
-Si... -Murmuró, sin levantar la mirada, aunque podía ver cuán rojas estaban sus orejas. Teddy estaría muy feliz cuando despertara. Si no fuera por el silencio en la casa, no habría escuchado el murmullo bajito que salió de Draco: -Abrázame.
Lo hizo, besando su frente y apoyándolo correctamente.
-Buenas noches, mi amor.