
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
-Dejemos un par de cosas claras, mi padrino pasará el verano conmigo, no contigo. Me llevará al cine y al circo; y a la Madriguera a ver a todooos mis familiares que no te aprecian ni un poquito ¿Entiendes? –explicó Teddy, cruzándose de piernas y acomodando sus manos sobre su rodilla, pareciendo todo un mafioso. –Tú no harás nada para intervenir o sino le diré a mi tío que ya no me agradas y te tendrás que irte de esta casa ¿Entiendes? –Dijo, repitiendo la pregunta aún más serio que la primera vez.
Draco lo miraba mientras tomaba su cuarto café del día y ni siquiera pasaban de las nueve. La rata podía ir tranquilamente a Slytherin, pero se juntaba demasiado con el nido de comadrejas para tener lo que se requería. Solo tenía once años, estaba a un par de días de irse a Hogwarts y él no podría sentirse más dichoso.
Harry sería todo suyo, todo su tiempo libre para él solito.
-¿Ya desayunaron? –Dijo en susodicho, apareciendo en la cocina con la camisa un poco arrugada y el pelo hecho un nido de ratas. Se veía igual de encantador que siempre.
Draco se lo comió con la mirada, mientras le servía su propia taza de café. Ya tendría el resto de los días para follárselo ahí mismo en la cocina, las veces que quisiera, sin interrupciones.
-Tu ahijado me está amenazando ¿Puedes creerlo? –Dijo, llevando una mano al pecho, fingiendo estar dolido. Harry arrugó las cejas, aguantando la risa.
-¿Teddy? Cómo un ángel como él haría tal cosa.
El niño sonrió ampliamente, cambiando su color de pelo azul a un rosa palo. Aún no parecía ser consciente de lo mucho que afectaba su ánimo a sus transformaciones.
-Exacto, soy un ángel.
-Uno caído del cielo, seguramente. –dijo Draco irónicamente, sirviendo una tostada en los dos platos sobre la encimera, dejando uno delante de Harry y otro a Teddy. –Derechito al infierno.
-¡Harry! ¡Malfoy está siendo malo conmigo!
No pudo evitar rodar los ojos, dejando una fuente con huevos revueltos en el medio de la mesa. Evitando la mirada acusatoria de Harry.
El mocoso se callo, llenando su boca de huevos y pan. Aunque el chico decía odiarlo, aceptaba la comida que le daba. Entre Harry y él, existían menos posibilidades de morir intoxicado cuando Draco cocinaba.
-Draco, ya deja de pelear... -No pudo terminar de regañarlo cuando lo interrumpió besándolo rápidamente.
-Disfruta de tu verano mosca, él es mío el resto del año. –Dijo, abandonando la cocina.
-¡iuuu! ¡Asco!
Aun en el segundo piso podía escuchar a Teddy renegando y haciendo todo un alboroto, con Harry intentando hacer conversación y cambiar el tema.
Draco se encerró en su oficina, tenía trabajo que adelantar para así poder tener el viernes libre, le prometió a Harry acompañarlo al andén a despedir a la mosca. Lo que hacía por el hombre ¿Y el romántico de la relación era Potter? Luego se lo cobraría, obviamente.
Unas horas después escuchó suaves golpes en la puerta, para después ver una mata de pelos cafés entrando.
-¿Qué hiciste para tranquilizarlo? ¿Lo sedaste? –Le pregunto, notando que casi no había ruido en la casa.
-Está mirando el partido de quidditch que grave la última vez. –Harry cerró la puerta, lo que para Draco significa un momento de adultos. Los pocos que podían tener en esa casa con un niño tan alborotador como Ted.
Harry se sentó en su regazo, acomodando su cabeza en su hombro. Draco besó su nariz, escuchándole sus risitas, volviéndose suspiros de satisfacción cuando masajeaba sus hombros y espalda.
-No hagas eso, que me la pones dura.
-¿Acaso tenías que arruinar el momento?
-Si, porque luego me abandonarás a medias cuando ese mocoso te llame.
-Draco Malfoy, deja de estar celoso de un niño. –Harry se rió con ganas, burlándose de él. Draco le dejó acariciarle el cabello en compensación, le gustaban los mimos aunque nunca lo admitiera en voz alta. Compartieron el momento en silencio, entre besos suaves y caricias. –No quiero que se vaya, voy a extrañarlo. –Susurro nostálgico. Lo sabía, por eso no ponía tantas pegas como en otro momento al verlos pasar más tiempo juntos de lo usual. -Incluso tu.
Draco rodó los ojos, esta charla era tan gryffindor.
-Claro, muy, muuuy en el fondo, sentiré su ausencia cuando no tenga que lavar sus mugres y limpiar sus desastres. –Dijo, escuchando a Harry resoplar resignado ¿Qué quería? ¿Qué llorará? Por Merlín, JAMÁS. –Será difícil, pero podré vivir en una casa ordenada y silenciosa.
-Que malo... -Draco volvió a besarlo, con más ganas esta vez, teniendo a su novio riéndose entre beso y beso. Odiaba cuando podía leerlo tan bien. Y que si estaba celoso del mocoso, ya pronto se iría. Le besó el mentón, mordiéndolo apenas antes de perderse por la piel de su cuello -Sabes que soy tuyo, no tienes que ir marcando territorio por ahí.
Sonaba tan bien saliendo de su boca.
-Repítelo. –Gruño en su oído, metiendo sus manos por debajo de su camisa.
-Todo tuyo, Draco Malfoy.
Harry suspiraba mientras repasaba su columna, vertebra por vertebra, hasta llegar al inicio de sus pantalones, para después subir todo el camino de vuelta. Draco sabia que tenían que parar, pero era tan fácil perderse en la piel de Harry, entre su boca y sus gemidos. Lo amaba, lo amaba tantísimo que podría matar por el hombre.
-HARRY
-Ay no, por Merlín.
-¡HARRY!
-No empieces. –La magia terminó tan pronto como empezó, Harry salió de su regazo a regañadientes, acomodándose la ropa que siempre podía estar más arrugada que antes. -¡Ya voy!
-Me lo compensaras. –Le dijo, atrayéndolo a él por un último beso.
-Sabes que si.