
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
-Me preocupas...
-Cállate Potter.
Desde que Harry le había enseñado a usar el microondas, Draco no solo lo utilizaba para calentar las sobras, sino que le encontró un uso más... ¿terapéutico? Cuando algo rondaba por su cabeza y no le encontraba solución, se pasaba horas delante del aparato, calentando algo, lo que fuera. Sino había comida entonces solo congelaba lo primero que encontraba con magia y lo metía al microondas, para luego volver a congelarlo... Así, el suficiente tiempo para que Harry pensara si seria buena idea comentarle el nuevo pasatiempo de su novio a su psicomago.
-¿Qué te preocupa? Quizás podamos resolverlo juntos... -Esperaba la mirada asesina que el rubio le dedico, esa de "Deja de parlotear y ve a molestar a otra persona que soporte tu existencia antes que acabe con ella".
Se conocía casi todas la miradas de Draco, y hasta podía escucharla dentro de su cabeza con su vocecita burocrática.
En otros momentos se iría en son de paz, pero tras una larga jornada en el trabajo, tenia tanta hambre como para enfrentarse a su novio.
-V-e-t-e.
-Pero quiero calentar mi cena...
Harry huyo se la cocina cuando Draco saco su varita de su pantalón, no es que la lasaña valiera más que su vida.
Al día siguiente compro otro microondas.