
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Las cartas comenzaron a llegar finalizado los juicios en contra de su familia. Todas ellas firmadas al final del pergamino como: De tu querido enemigo.
Rápidamente, las cartas se convirtieron en la única cosa que le hacía querer levantarse de la cama.
Draco lo había perdido todo, sus padres nunca saldrían de Azkaban, el dinero que quedaba en las bóvedas no sería suficiente para mantenerlo más allá de un par de meses y ya no tenía a nadie a quien considerar "amigo" para pedir ayuda.
Estaba solo.
Solo él y las cartas que recibía cada tres días, sin falta.
Aun cuando creyó que sólo escribiría una carta para sus padres, al final escribió dos, la otra para su querido enemigo.
Fue un mensaje corto, una simple despedida. La lechuza le miraba desde la ventana, como si supiera que esta vez sí habría una respuesta que llevar. Atacó el trozo de pergamino en su pata y se disculpó por no tener algún premio para ella, casi no tenía comida ni para él.
La observó alejarse, y una vez la perdió de vista, se encaminó a su habitación. Se acomodó en su cama, sin quitarse los zapatos. Estaba seguro que si su madre lo viera le regañaría.
Su madre había hecho lo posible para mantenerlo cuerdo durante la guerra. Que Potter le quitara su varita cuando invadió la Mansión limitó sus métodos.
Seguía sin varita, no podía comprar otra y el Ministerio tenía confiscada la varita de su madre.
Tuvo que ser más creativo e inteligente.
La poción no era perfecta, Severus la describiría como mediocre, pero él tampoco estaba allí.
Nadie estaba allí.
Se empino la pequeña botella y bebió el amargo líquido de un trago. Sabía fatal y se sentía igual de mal, pero solo tardaría un par de minutos en hacer efecto. Sería rápido.
Pronto todo comenzaba a verse borroso y creyó sentir las barreras de la Mansión vibrar, justo cuando su corazón se detuvo.