
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Hermione sintió el cuerpo frío cuando la jefa de su departamento la llamó a su oficina, una vez ahí, le comunicó que su esposo había sido herido en una redada de narcóticos.
Desde que Ron y Harry se unieron al cuerpo de aurores, ella supo que tendría varias noches sin dormir, pensando en lo peligroso que era ese trabajo. Los sustos que vendrían cuando le notificaran de algún accidente y, lo que más temía, era que la noticia fuera que los dos hombres de su vida habían perdido la vida. A veces tenía pesadillas sobre eso, no tan frecuentes como cuando iniciaron siendo apenas unos jovencitos recién salidos de la guerra.
Esta vez ambos estaban vivos, pero no supo los detalles de las lesiones hasta que llegó a San Mungo, con la garganta seca y el corazón a mil por ahora.
En la sala de espera se encontró con Draco, actualmente, Malfoy-Potter. Estaba segura que la expresión de desolación en su rostro sería la misma que ella tenía.
Esperaron por unos veinte o veinticinco minutos, que se le hicieron eternos. Ambos saltaban de sus asientos cuando veían a una enfermera o medimago aparecer por el pasillo, pero nadie les daba respuestas, ni siquiera unas palabras de consuelo. Hasta que llegó una mujer, de cabello apretado en un moño y con ojos cansados, que los llamó por sus apellidos.
Ron y Harry estaban bien, un poco magullados y con raspones, pero bien y vivos. Luego vino la temida frase: "hubo ciertas complicaciones con una maldición que recibieron". Hermione no supo que estaba siendo sostenida por Draco hasta que noto que la doctora se había hecho más alta o, más bien, que sus piernas ya no tenían la fuerza para sostenerla.
La medimaga de apresuró a calmarla, comentando que sus memorias se habían visto afectadas parcialmente. La maldición no les había dado de lleno, sino que les rebotó, ocasionando que los hombres, ahora de casi cuarenta años, retrocedieron a una edad mental de diecisiete. Según dijo la mujer, el último recuerdo de ellos era estar en la casa de los Weasley, algo sobre una boda y con las fuerzas oscuras de Voldemort tomando poder sobre el Ministerio.
Ella recordaba ese momento y cuando los brazos que la sujetaban se volvieron débiles, supo que Draco también recordaba ese momento. Un tiempo donde Harry no lo amaba, uno donde eran enemigos.
Fue ella quien estrechó su mano, dándole el consuelo que necesitaba para entrar a la sala donde los aurores estaban, despiertos y preguntando sólo por ella.
Como espero, tuvieron que ser retenidos por varios enfermeros para que no se lanzaran contra Draco. Lo habían confundido con Lucius. Tampoco les trajo mucha calma saber que el hombre fuera Draco Malfoy, pero por lo menos la escucharon a ella y la rápida explicación que les dio: La guerra había terminado, ahora eran aurores y tuvieron un pequeño accidente, pero que sus memorias regresarían gradualmente en un par de días.
Solo Ron saltó de emoción como un adolescente cuando Herm le dijo que eran pareja. Harry parecía que estaba por salirle espuma por la boca.
-¡Amigo! ¡Hermione y yo estamos casados! ¡Hermione es mi ESPOSA! -Dijo, mirando entre su amigo y ella. Para luego extender sus brazos, buscando que se acercara. Sus acciones le parecieron tan infantiles, pero Hermi lo abrazó con ganas, suspirando aliviada de tener al hombre de su vida a salvo y a su lado.
La situación de Draco era un poco lamentable. Harry ni siquiera dejo que se le acercara y, aunque Hermione no era particularmente amiga del rubio, noto cuanto le había dolido la actitud de Harry.
Le tomó un par de intentos y varios abrazos, para calmar a Harry. Ron no dejaba de preguntarle por su boda y si tenían hijos, la respuesta le dibujó la sonrisa más grande del mundo. Por su lado, Harry se amargó al saber que Ginny ya no estaba a su lado y que no tenían hijos.
-¿Por qué él consigue lo que quiere y yo me quedo con el mortifago melancólico? -Exclamó Harry, cruzándose de brazos y mirando a Ron con notable envidia. Herm le reprocho al moreno su poco tacto y notó que Draco ahora estaba muy callado y con sus barreras levantadas, no podía saber qué estaría pensando o sintiendo, pero era claro que la estaba pasando fatal.
Ella lloraría como una niña si Ron le hubiera gritado todas esas palabras hirientes y la hubiera mirado con odio.
-¿Mortifago melancólico? -Era lo primero que escuchaba decir a Malfoy, quien le importo un carajo las amenazadas de Harry y se acercó un poco más a su camilla.
-No conoces otro color que no sea el negro, te veo y me da depresión. -Explicó Harry, quedándose em blanco de repente. Herm casi podía ver los engranajes de su cerebro intentando descifrar por qué él sabía que tipo de ropa que utilizaba Malfoy.
-¿Solo eso te provocó cuando me ves? ¿Ni siquiera te parezco un poco guapo? -Dijo este, claramente buscando molestarlo. Cosa que logró, Malfoy tenía un máster en provocar a Harry y no solo haciéndolo enojar. Su amigo lo miraba boquiabierto, sin creerse que estaba siendo seducido por el rubio.
Cuando Draco dio un par de pasos hacia él, volvió a explotar.
-¡Hermione! ¡Ayúdame!
-Harry, tranquilo, pronto recordarás ¿si? Confía en mí.
Con tanto escándalo ya comenzaba a dolerle la cabeza. No solo la situación era agotadora, sino que tendría que pedir un par de días de licencia para cuidar de Ron, justo cuando en su sector estaban llenos de trabajo y papeleo. Además, debía mandarle una carta a Molly explicándole la situación y pedirle que cuidara de los niños ¡Los niños! Aún debía irlos a buscar al jardín de niños y preparar la merienda. Tampoco tuvo tiempo en la semana de lavar la ropa de sus hijos y debería hacerlo antes de la llegada de su suegra...
Tantos "debería hacer..." la estaban comenzando a estresar aún más.
-¡Herm, me está acosando! -Gritó Harry, cuando levantó la vista, Malfoy estaba sentado a los pies de la camilla, sin siquiera tocarlo. Claro que para el Harry de 17 años, tener a su archienemigo a menos de un metro significaba que estaba violando su espacio personal. -Atrás Malfoy, ni se te ocurra hacerme algo.
-Claro que no, cariño, pero ni bien te repongas te haré muchas cosas que sé que te encantan... -dijo Malfoy, guiñandole un ojo.
Hermione ya estaba hartándose de los gritos de Harry y era claro que Malfoy solo lo estaba haciendo a propósito, jamás utilizaban motes cariñosos entre ellos. Por lo menos no delante de otras personas.
-Draco, por favor, no puedo lidiar con ambos a la vez, ya no soy tan joven como antes.
-¡Esto debe ser una pesadilla! -Exclamó Harry, agarrándose la cabeza, aún más impactado que ella llamara al rubio por su nombre.
-Si lo es, por favor que nadie me despierte. -Dijo Ron con voz soñadora, tomando sus manos y besando sus nudillos ¿Hacía cuánto que no tenía a su esposo siendo tan romántico con ella? Años, quizás. Tal vez este incidente no habría sido tan malo después de todo. -Prometo amarte por siempre, lo juro.
Hermione rió dulcemente, sintiendo la piel de su rostro calentarse. No, esto no estaba nada mal a decir verdad.
-Si Ron, ya me lo dijiste el día de nuestra boda. -Le dijo suavemente, acariciando una de sus mejillas pecosas. Ron suspiro extasiado, apoyándose en su mano y sin dejar de mirarla como si fuera lo más bello del planeta.
-¿Sabías que nosotros también estamos casados? -Escucho decir a Malfoy, mostrando su anillo y señalando el mismo que tenía en el dedo Harry. El hombre estaba ofendido de que Harry lo hubiera olvidado y que lo despreciará en su cara. Realmente parecía disfrutar de provocarle y hacerlo rabiar, sumando que Harry era mecha corta cuando se trataba de Malfoy. Esos dos eran una mala combinación que de alguna forma funcionaba. -Puedo recordarte nuestra luna de miel, mi león.
-¡Cállate! ¡Cállate! ¡Seguro fue bajo un imperius! -Grito Harry, demasiado avergonzado y con los ojos brillantes en anhelo para estar supuestamente enojado. Aun si no recordaba, era claro que los sentimientos seguían ahí.
Hermione supo que serían los dos días más largos de su vida...