
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Harry se quedó mudo al entrar a la habitación y notar que solo había una cama a su disposición.
Kingsley lo arrastraba a situaciones que detestaba y ahora le hacia compartir la habitación del hotel con Malfoy, por un supuesto puto error de organización.
El cuerpo de Aurores solía realizar un evento para los cadetes de primer y segundo año de la escuela de Aurores. Llevaban a los tres mejores magos o brujas, que tuvieran un buen desempeño a lo largo del año y con excelentes historiales, para incentivar a los nuevos reclutas a terminar los duros entrenamientos y recibirse como auror.
Sonaba muy bien, el problema era que Harry odiaba los eventos donde era proclamado como el mago más poderoso de los tiempos y tener a un montón de jovencitos deseosos de lamer sus botas era simplemente abrumador. Ni siquiera tenía opción de retractarse, ya que era casi obligado a asistir: ¿Qué mejor motivador que el héroe de guerra? Su culo, Harry no podía motivarse ni a sí mismo a salir cada día de la cama y pretendían que fuera un mentor ideal.
Estaba feliz de que esta vez Ron lo acompañara, todo era fácil al lado de su amigo, quien siempre lo ayuda a mediar con los fanáticos. Lastima que Malfoy era parte de la lista de invitados de honor.
Reconocía que era un auror excelente y que durante los últimos años se había acercado lo suficiente como para poder mantener una charla civilizada y, podría arriesgarse a decir que podrían haberse vuelto amigos, sino fuera por lo sucedido en la última salida al bar muggle.
Se habían emborrachado, ambos por igual, pero estaba seguro que él estaba mucho peor. Y no supo cómo ni cuándo, pero estaban en un callejón para aparecerse cada quien a su casa y terminaron morreándose contra una de las paredes.
A Harry le dolía su masculinidad recordar que se dejó manosear por Draco, deseando que el hombre hiciera más que sobarle el culo con sus manos.
Si no fuera por el llamado que recibieron desde la base por una presunta actividad terrorista en el Callejón Diagon, seguramente hubieran terminado en el departamento de alguno de los dos.
La cosa entre ellos se venía cocinando desde hacía meses, y como siempre, terminó por explotarle en la cara.
Harry no volvió a acercarse a Malfoy a menos que fuera estrictamente por asuntos laborales. Ahora, no tenía donde correr.
-¿Puedes moverte? No se que esperas para entrar.
Se sobresaltó al escucharlo detrás de él, pegándose tanto a la pared que casi podría fundirse con el tapiz de esta.
Malfoy ni siquiera lo miró, entrando a la habitación y sin inmutarse por la problemática situación que tenía a Harry con los nervios crispados.
-Enserio Potter, ¿vas a pasar? Sino cierra la maldita puerta.
-¿Estás de acuerdo con que durmamos en la misma cama?
-¿Tienes miedo que desees que te folle sin que puedas echarle la culpa al alcohol? -Dijo Malfoy, tan harto de él que parecía estar a punto de hechizarle el culo. Intentó defenderse diciendo que no era gay y que si, que lo de la ultima vez había sido el alcohol, pero solo se quedó viendo como el rubio sacaba su varita, recitando un hechizo que dividió la cama de tamaño king en dos camas individuales. Esta vez ni siquiera se inmuto cuando Malfoy le pasó por al lado, chocándole apropósito y encerrándose en el baño, mientras murmuraba: -A veces no puedo creer que un mago como tu nos salvó del Señor Oscuro.
Harry decidió meterse en la cama y desear desaparecer del mundo bajo las mantas.