
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Unos meses más tarde y tras muchas sesiones con el terapeuta de parejas, decidieron darse una segunda oportunidad. Si ambos lo querían, se encontrarían a mitad de camino de sus casas, y si no coincidían... Debían renunciar al otro.
Harry no estaba tan seguro si podría hacer eso, pero aun así acepto y Draco hizo lo mismo.
Fue un martes, aún no entraban en otoño pero los días comenzaban a ser más cortos y más fríos. Harry mantenía los puños apretados, caminando como quien iba a recibir el beso del dementor.
Le rogaba a los cielos que su Dragón estuviera ahí, no conocía un mundo sin él.
Entonces le vio, con el abrigo azul petróleo que le había obsequiado dos navidades atras, el cabello algo despeinado nada típico en él y los ojos brillantes cuando dio con su presencia. Ese era el hombre que hacía veinte años había jurado amar y que aún lo hacía: con devoción, lealtad y locura.
No supo cómo, pero se encontraba corriendo en su dirección, Draco se mantuvo quieto y solo extendió sus brazos cuando lo tuvo cerca.
El beso que se dieron ese día, entre mocos y lágrimas, significó mucho más que un simple gesto de amor entre dos parejas, era su forma de sellar una tregua y otorgarse el perdón que ambos buscaron por meses. El perdón que necesitaban para seguir juntos, como siempre debió ser.