
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
-¡Déjalo! ¡Déjalo! -Grito Agus, sintiendo que las piernas le ardían de tanto correr, casi se le hizo eterno llegar a donde estaba su nuevo amigo, Marcos, quien se encontraba en el piso hecho bolita, mientras que dos chicos muchos más grandes que ellos lo pateaban.
-Mira boludito, ahí viene tu novio. -Dijo uno, que Agus conocía del barrio porque se hacía llamar "alfa".
Aun si era más chiquito que el resto y con menos fuerza, se tiró sobre Alfa, comenzando a rasguñarlo y pegarle mientras el chico gritaba a su cómplice que se lo sacara de encima. Capaz Agus no representaba una amenaza física para ellos, pero la adrenalina y su perseverancia le hacían ganar aquellas pequeñas batallas.
Todo terminó cuando una señora que pasaba por enfrente de la plaza los vio y se acercó a separarlos, amenazando a los grandulones que ella conocía a sus papás y que les llamaría si no dejaban de molestar a los más chiquitos.
Marcos era solo moco y lágrimas, lleno de tierra y con una herida en su rodilla. Agustín tuvo que ayudarlo a caminar porque pisar le dolía mucho, al final si llegaron a su casa, donde su mama los recibió alarmada por el estado en el que estaba Mar.
-Tenes que aprender a defenderte. -Le dijo Agus, mirando como su mamá curaba a su amigo.
-No le digas eso Agustín, los que tienen que aprender a guardarse las manos en los bolsillos son esos pendejos maleducados. -Dijo su mamá, intentado a la vez que Marcos dejara de llorar, sin conseguirlo del todo. Cuando terminó de curarlo, los dejó irse a la pieza de Agus en lo que les preparaba la merienda.
Agustín odiaba a esos chicos, no podía soportar que anduvieran molestando a Marcos, el chico más bueno del barrio y que no jodía a nadie. Siempre lo buscaban precisamente porque Mar no se defendía, ni decía nada. Muchos se burlaban de su acento salteño y le daba aún más vergüenza hablar porque a veces se le trababan las palabras. Era blanco fácil para el bullying.
-Ya sé lo que dijo mi mamá, pero realmente tenes que aprender a defenderte. -Dijo Agus bajito, abrazando a Marcos quien se acurruco en sus brazos. Desde que se habían conocido hacía un par de meses atrás, cuando el chico se mudo al departamento de al lado junto a su familia desde Salta, habían pegado buen onda y no se separaron más. Solamente para la escuela, porque Mar era dos años más chico y era entonces cuando el tarado de Alfa y sus amigos aprovechaban para molestarlo.
-Pero no me gusta pelear, digamos, no está bien pelear. -Dijo, secando sus ojitos cuando las lágrimas comenzaban a salir de nuevo.
-¡Entonces hay que aprender! En la escuela uno de mis compañeros va a un deporte raro, como el boxeo me parece, le voy a preguntar y vamos a ir juntos. -Dijo Agus decidido, una vez que se le metía algo a la cabeza no se rendia.
Así fue como le comento la idea a su mamá y la mamá de Marcos, quien no parecía muy convencida, pero que terminó cediendo tras su insistencia.
Nadie podría adivinar que luego Marcos, el nene salteño que trataba a todos de usted y se comía todas las "S", se volvería campeón nacional de artes marciales y todo por la insistencia de su amigo de la infancia.