
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Cuando llego al departamento, noto enseguida que era el primero en llegar. Cosa rara, porque Fabián solía ser el del horario estable entre los dos.
Mejor, así tendría tiempo para pensar de qué manera le diría que lo habían rajado del laburo.
De camino a casa, pensó cómo harían para pagar el alquiler, los servicios, la comida del día a día ¿Y si alguno de los dos se enfermaba? ¿Y si se les rompía la heladera? ¿Por qué uno se vuelve más consiente de la salud y las posibles fallas de los electrodomésticos cuando estaba corto de plata? Bueno, tampoco estaban cortos de plata, pero las cosas marchaban lo justo y necesario con la combinación del sueldo de ambos y ahora tendría que ver de dónde recortarían gastos.
Esperaría por Fabián. Él simplemente era demasiado fatalista y su marido era más centrado en esos momento de quiebre.
Se sentó en la orilla de la cama, del lado de Fabián. Con desgano se quitó el traje que ya no tendría que usar, la corbata de la siempre renegaba por las mañanas... La situación le choco más cuando se quitó los zapatos, esos que Fabi le había comprado en cuotas, hacia un par de años atrás, regalo de Navidad. Por primera vez desde que lo habían llamado a la oficina del jefe, Gabriel rompió en llanto.
¿Dónde contratarían a un hombre ya entrado en años en publicidad? Los alfas como él, con menos años, apariencia resplandeciente y nuevas ideas le pasaban el trapo, la situación del país garantizaba menos oportunidades y no quería poner una carga aún más pesada en los hombros de su marido para mantenerlo a ambos.
Gabriel se sentía miserable y por un segundo, se molestó de que Fabián tardara tanto en llegar a su hogar. Necesitaba de su omega, de su olorcito a sanguchito de miga, sus suaves caricias, sus palabras de calma y el ronroneo. Quería el paquete completo de "calmar al depresivo alfa cincuentón".
Abrió el placar buscando ropa cómoda, y se puso un pantalón gastado y una remera muy vieja, con un par de agujeritos en las mangas. Perfecto outfit para su nuevo estatus financiero... Entonces olio algo parecido al aroma de su omega, muy suave, impregnado en un suéter, que rápidamente quito de la percha y acomodo en la cama. A eso le siguió un chaleco de lana que picaba un poco, pero que seguía teniendo el sutil olor de su hombre.
No supo cuando la cama se vistió de prendas de su pareja, ni que tanto le agradaría a Fabi que la ropa limpia ahora estuviera junto con la ropa para lavar, o que las prendas blancas y las de color estuviera mezcladas entre sí. Pero todo olía a él, a Fabián y era lo que más necesitaba en ese momento. Quizás no fuera de los nidos estratégicamente acomodados que armaba su omega, pero estaba decente. Se acomodó en el medio, enterrando la cara entre un bóxer y una camisa blanca, respirando calma. Las lágrimas hacía rato se habían secado, pero el calor del nido le daba la bienvenida para seguir desahogándose en un ambiente seguro y así lo hizo.
Lloro, como solo un alfa melancólico y preocupado por sustentar a su familia podía llorar, lloro por la impotencia de ser echado por, supuestamente, "recorte de personal", lloro por Fabi y su futuro. Lloro porque tenía un par de tristezas acumuladas de otras situaciones tristes y angustiantes y aprovecho para liberarlas. Ahora hasta las tristezas había que economizar en llanto medidos.
-¿Amor? ¿Estás en casa? –Escucho desde el pasillo, Fabián y ruidos de bolsas. Capaz tendría que haberle llamado antes, para que no gastara tanto en el super.
-A-acá... -Dijo, medio ahogado por el llanto. Escucho las bolsas caer y a su omega correr hacia la habitación, asomándose con rostro preocupado.
-¿Pero qué te paso? –Fabián se acercó, quitándose los zapatos y acomodándose con cuidado dentro del nido. Gabriel sintió que el corazón se lee estrujaba mientras entre mocos y lagrimones salados le contaba que había sido despedido de su trabajo. Que era un inútil y que entendía si quería dejarlo.
Fabián tuvo la sutileza de no reírse de su drama, ni de recordarle que el que mejor sueldo tenía en esa casa, era él. En su lugar, lo acurruco en su pecho, ronroneo para él y le beso cada centímetro de piel de su rostro que estaba libre de moco. Después le paso una remera del nido, para limpiarse la nariz, total, todo tendría que ponerse a lavar de nuevo.
-Vamos a salir de esta, como siempre lo hemos hecho. –Le susurro cuando el llanto se volvió solo hipo y quejidos. Gabriel solo asentía, muerto de miedo. Tenía miedo, muchísimo, de perder la estabilidad económica que tanto les había costado conseguir y sentía mucha culpa. Su cabeza era un quilombo de posibles situaciones, una peor que la otra y Fabi se pasó el resto de la tarde, barriendo sus dudas y dándole apoyo.
Amaba a su omega, no era su destinado, pero Gabriel estaba seguro que en el momento en que Fabi le dijo "Acepto" en el registro civil, un hilo rojo se había tejido entre sus meñiques, que no estaba antes pero que tenía la confianza de asegurar que iba a permanecer el resto de sus vidas juntos.
Así de intenso era Gabriel y a Fabián así le gustaba.
-¿No te parece que es momento de que cumplas tu sueño de abrir tu panadería? Tenes los ahorros del viaje que íbamos a hacer a Europa. –Dijo con cuidado Fabi más tarde, cuando estaban en el comedor tomando mates como cena. –Los protocolos por covid no van a hacer el viaje muy fácil y, antes de eso, prefiero invertir esa plata en otra cosa. Algo que te haga feliz.
-¿Vos decís de invertir de algo así ahora? Viste como está el país ahora...
-Podemos intentarlo, si sale ¡buenísimo! y si no, no pasa nada, ahorraremos para Europa en otro momento, cuando no este ese bicho dando vueltas. –Dijo con cara graciosa. Gabriel se río, no por el chiste, sino contagiado por la risa de su marido. Hacía ver como poca cosa los años que les había tomado ahorras para ese viaje, años por un mes en otro continente.
Fabián pudo ver la duda en sus ojos, porque rápidamente agrego: -No tiene que ser un local en Palermo, pero quizás un pequeño emprendimiento por las redes, ver que pasa y después te fijas si te gusta o buscas trabajo en otra cosa. –Aseguro, acariciando su mano dulcemente. –No te vuelvas loco pensando, vamos a estar bien mientras...
-Estemos juntos. –Termino la frase, una oración que formo parte de sus votos al casarse, cliché pero perfecta para toda ocasión de mierda, como esa y como tantas otras que habían superado antes.
Era verdad, tenían plata ahorrada, quizás podrían hacer algo chiquito para comenzar. Podría ser muchas cosas... Quizás mañana, esa noche, se aseguró de llenar su cabeza solo del aroma de su omega, sus gemidos y sus "te amo" que lo eran todo en su vida.