
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
-¡Te dije que te abrigaras Nicolás! –Su hermano lo miraba con bronca, claramente le había advertido que el predio donde se iba a presentar la banda iba a hacer mucho frio, estaba en medio de un descampado y de noche la temperatura siempre bajaba, además, estarían un buen par de horas parados hasta que comenzara. Lo había escuchado, pero estaba enojado con él por-no-se-que y no le hizo caso. Ahí estaba, con la mirada en sus manos frías y bancándose en silencio el reto de Mateo. -¡Más vale que no te enfermes! Mamá me va a matar si algo te pasa después.
Iba a decir algo, que no tenía la culpa de tener defensas bajas o cualquier otra cosa que se le ocurriera, pero Joaco los interrumpió desde atrás.
-Che, ¿y ahora que paso con ustedes dos? –Dijo, con la boca llena de papas fritas y mirándolos divertidos. Nicolás estaba seguro que ni él ni su hermano se estaban divirtiendo tanto como Joaco en ese momento.
-Este boludo se olvidó la campera, le dije que se trajera abrigo y ahora se va a cagar de frio. –Explico su hermano, con el tono de voz más controlado pero con la misma indignación.- No pienso darte mi campera, cágate por pavo.
Nicolás sintió los ojos picar, en otro momento se hubiera defendido, pero le intimidaba como las personas de alrededor se le quedaban mirando y Joaco lo ponía aún más nervioso. Odiaba que su hermano lo humillara de esa forma, más aun frente al chico que le gustaba.
No le desagradaba del todo la banda por la que estaban ahí, pero definitivamente prefería escucharlos tirado en el sillón, calentito y con los auriculares a todo lo que daba. Solamente había querido ir al evento para estar con Joaco, pareció una buena idea al principio pero ahora se quería ir y mandarlos a todos –sobre todo a Mateo- a la mierda. Pero no podía, llegaron al lugar en el auto de Joaco y no daba decirle al flaco que lo llevara de vuelta, con los cuarenta y cinco minutos de viaje de por medio.
Se abrazó a sí mismo, en silencio y caminando unos pasos delante, dejando a su hermano y a Joaco atrás. Suficiente humillación como para sumarle que lo vean con los ojos aguados.
Su hermano lo siguió, aun rezongando. Era de esas personas que una vez que empezaba no terminaba, mucho peor cuando estaba enojado...
-Boludo, para un poco. –Escucho que dijo bajito Joaco, no estaba tan lejos de ellos para no escucharlos.
-¡Y si sabe que se enferma por nada y se viene todo despechugado!. –Su hermano no tuvo la misma delicadeza de bajar su voz, claramente esperando que lo escuchara.
-Y yo no te digo que no tengas razón, solamente que la bajes. –Dijo Joaco. Nicolás no pudo evitar sonreír, amaba la personalidad de Joaco, a pesar de ser alfa no era prepotente ni desubicado, más bien todo lo contrario, un chico súper atento, considerado y divertido. Le encantaba, de pies a cabeza.
Escucho pasos acelerados atrás suyo y de golpe tenia a Joaco rodeándolo los hombros con su brazo. –No le des bola a este, yo te presto mi campera. –Le dijo sonriendo y susurrándole muy cerquita del oído. Sino fuera porque el frio ya lo tenía con la piel de gallina, seguramente el acercamiento hubiera tenido el mismo efecto.
-Deja, no le des nada... Vos también...
Joaco ignoro a Mateo, amaba cuando hacia eso, para el era imposible no seguirle con la contrario a su hermano. -¿Vos no tenes frio? –Pregunto por cortesía, no iba a rechazar su campera, estaba cargadísimo de frio posta.
-Naa, tengo una remera mangas larga y el buzo ¿O mejor queres el buzo? –Ni siquiera dejo que le contestara cuando le paso la campera a su hermano para después sacarse el buzo, ahí no más, frente a él. El movimiento hizo que se levantara un poco la remera y Nicolás intento, REALMENTE INTENTO, no mirar como un omega alzado la piel que quedo descubierta. Trago fuerte y se quedó mirando hacia abajo, esperando que el sonrojo no se le notara tanto. –Toma, esta calentito, así vas a estar bien. –Dijo, guiñándole un ojo. Era buena onda, pero como costaba no traducirlo a puro chamuyo.
Nicolás se puso el buzo, siendo empuja por su hermano cuando paso a su lado. El muy idiota se creía un capo haciendo eso, pero esta vez no le siguió el juego, dejo que los dos se le adelantaran, caminando unos pasitos atrás.
Muy disimuladamente se levantó el buzo, apenas un poquito para que le cubriera la nariz. Respiro despacio, sintiendo el olor a vivere de la prenda y el propio aroma de su dueño. Joaco usaba supresores, pero como omega, era capaz de captar la mínima fragancia que su cuerpo liberaba y que estaba impregnada en la tela.
Ojala pudiera estar con él, chapárselo y que le hiciera lo que quisiera. Nicolás había olido a otros alfas, los de su escuela y uno que otro que lo había encarado en el boliche, pero ninguno de ellos le hacían cosquillear sus fosas nasales y casi hacerlo ronronear como lograba el aroma de Joaco. Los otros olían a grasa y calentura, y mucho desodorante, pero Joanco no, olía a mate, un toque dulce casi imperceptible y también a pucho, lo último no le agradaba del todo.
Dejo de soñar cunado su hermano le grito que se apurara o se iba a perder en el mar de gente. Los miro desde atrás, Joaco lo tenía agarrado del cuello, como hacía unos minutos se había acercado a él y se estaban cagando se risa de algo que su hermano había comentado. A veces no entendía como alguien tan bueno podía estar con el imbécil de Mateo...
Bueno, los opuestos se atraen o algo así. Nicolás se aseguró de guardarse en la memoria el aroma de Joaco, ojala le dejara llevárselo a su casa. Después de lo iba a devolver, obvio, pero quería liberar su aroma y ver como combinaban sus feromonas. Para eso necesitaba estar en la privacidad de su pieza, ahí, rodeado de extraños, ni en pedo iba a dejar sus feromonas libres.
. . .
El concierto al final estuvo muy bueno, la banda era conocida por dar espectáculos en vivo muy piolas y Nicolás pudo estar muy pegadito a Joaco, por la cantidad de gente y eso... Para no perderse.
-¿Te quedaste dormido Nico? –Le pregunto Joaco, notando que ya está estacionando frente a su casa. La verdad es que estaba bastante somnoliento.
-No, pero casi. –Dijo sonriendo, escuchando a su hermano bufar.
-Si te llegabas a dormir te dejábamos tirado acá nomas, con lo gordo que tenes el culo imposible llevarte cargando a casa.
-¡Cállate! ¡No tengo el culo gordo!
-Shh, paren un poco ustedes dos. –Dijo Joaco, apaciguando los ánimos y dándole un zape en el brazo a Mateo, que venía de copiloto. –Vos también. –Le advirtió y, como siempre, Mateo se quedó callado, mirando el celular, Joaco era el único al que su hermano hacia caso. El auto quedo en silencio, Nicolás quería que su hermano se bajara primero, para quedarse unos minutos en soledad con Joaco, pero fue este quien se dio la vuelta, mirándolo. –Che Nico, tengo que hablar de algo con tu hermano, nos vemos mañana y me das el buzo ¿Dale?
Esa era otra cosa, no podía decirle que no a Joaco. Aunque quisiera hacer todo lo contrario, se bajó del auto y se despidió del chico, entrando a su casa un toque bajoneado, pero a la vez feliz de poder quedarse con el buzo del alfa. Saludo rápido a su vieja y salió corriendo hacia su pieza, dispuesto a restregarse contra el buzo toda la puta noche hasta que se borrara el aroma del chico.
Mientras tanto en el auto...
-Se va a hacer una paja, eso dalo por seguro. –Dijo enojado Mateo, mirando las publicaciones de instagram.
-¿Es necesario el comentario? No seas ordinario. –Dijo Joaco, sacándose el cinturón de seguridad y el de Mateo, quien se removió en su asiento cuando le acaricio la cintura, sin apartarlo pero tampoco colaborando.
-No te quejes conmigo cuando te lo devuelva todo guasquiado. –Mateo gruño cuandoJoaco le beso el cuello, acariciando la piel con su nariz. Seguía con el celular, pero ya no parecía darle tanta importancia.
-¿Por qué sos tan celoso, eh? –Dijo, teniendo que agarrarlo más fuerte contra el asiento cuando este se removió muy enojado.
-¡No estoy celoso de ese petiso culón! ¿A vos que carajo te pasa? Te pasaste toda la noche dejando que se te refregara, parecía caniche alzado. –Dijo aún más molesto, notando que la voz le salía más aguda y Joaco abandono su cuello y le sujetó la cara, mirando como este tenía los ojos aguados y los labios apretados, intentado controlarse.
Los dos hermanos eran tan sensibles... No importaba cuanto se hiciera el duro, Joaco sabía que su novio era muy sensible con cosas que solo el notaba y de las que escribía una trilogía en su tonta cabecita.
Mateo estaba súper celoso de su hermano, no por su apariencia, en realidad ambos sabían que en cuanto a aspecto físico, el mayor de los Antenao se llevaba todos los halagos, pero lo que lo ponía tan ansioso era el hecho de que a diferencia de su hermano, Mateo era beta y envidiaba que Nicolás pudiera sentirlo a metros de distancia, mientras que él no podía olfatearlo ni impregnarle su propia aroma, porque los betas no poseían esa habilidad. Joaco lo sabía, y se aseguraba todos los días de hacerlo sentir seguro, demostrándole en más de una forma lo mucho que le atraía y lo enamorado que estaba de él.
-¿Hubiera preferido que lo soltara en medio del pogo? –Dijo, viendo a Mateo retroceder. Joaco también sabía lo mucho que amaba a su hermano, pero ese sentimiento de inferioridad era lo que impedía que ambos hermanos se llevaran buen. -Creo que todavía estaríamos buscándolo entre la gente, seguramente aplastado contra el piso.
Mateo se rio apenas, aceptando el beso sobre sus labios y rodeando su cuello, atrayéndolo más hacia él.
-Le voy a decir que sos mío. –Dijo, bajito contra sus labios. –Mío, y que se meta sus feromonas de caniche bien en el culo.
Joaco se rio, volviendo a tomar los labios de Mateo entre los suyos. Por él, chocho de que le diga a todo el mundo sobre su relación, pero el de las inseguridades era Mateo, por eso era paciente en dar cada paso y lo hacía respetando los tiempos de su pareja.
Aunque tan secreto no era. Mateo quizás no pudiera oler sus feromonas, pero más de una vez le había marcado, sobre todo cuando salían a algún bar o si se reunían con sus amigos en alguna joda. Lo que más quería era reclamarlo delante de todos, suyo, suyo y solo suyo.
Le daba un poco de pena Nicolás, para nadie era secreto que el pibe estaba enamoradísimo de él, pero apenas tenía 16 años y podría encontrarse a otro alfa de su edad a quien guasquearle el buzo... Mejor se lo regalaba y listo.