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LEÓN GRUÑÓN

-Si me hechas, te juro que te hechizo el culo. 

Draco gruño, dejando que Harry le acariciara el cabello. Esta vez nadie se iba a levantar de la cama después del segundo mejor sexo de su vida. Iba a quedarse hasta que Harry decidiera irse y así seria. 

La serpiente no renegó de ello, apoyándose sobre su pecho. Parecía tan dócil, la maldita culebra ponzoñosa. 

-Shh Potter. -Exclamo Draco, intentado acomodarse mejor sobre el cuerpo de Harry. -Ahora duerme.

Harry suspiro, él también estaba cansado, eran las cinco de la mañana y solo le quedaban tres horas antes de ir a trabajar.

-Idiota. -Susurro bajito, pero claramente el otro si podía escucharlo.

-Imbécil.

-Tu más.

-Mira quien lo dice. 

-Jodete.

Draco se removió de su lugar, mirándolo burlón.

-¿Yo soy el jodido? 

-¡Vete a la mierda!

Harry estaba a punto de echarlo, aun si era su casa, pero el rubio lo tomo entre sus brazos, impidiendo que se levantara. Ahora los roles se habían invertido, y era Draco quien masajeaba su nuca. 

-Ya duérmete, león gruñón. -Dijo con voz cansada, Harry se sonrojo al escuchar como se refería a él. -¿Te despierto en un par de horas?

-Por favor...

Al final Harry había vuelto a la cueva de la serpiente y se sentía todo un domador de animales salvajes. Malfoy no sabia lo persistente que podía llegar a ser para llegar a su objetivo. 

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