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DÍA 5: JEFE/EMPLEADO

-Esto es como gran hermano, nos llaman al confesionario y tenemos que abandonar la casa. -Comentó Coty, mirando como una de sus compañeras juntaba sus cosas entre lágrimas, después de haber sido despedida.

Los recortes en la empresa habían comenzado cuando el Jefe anterior había fallecido, dejando la empresa en manos de sus tres hijos. Según lo que tenía entendido Agustín, sólo el menor de los hermanos quería hacerse cargo del lugar. Aún con la esperanza de conservar su trabajo, no pudieron salvarse de la posibilidad de ser echados.

Coty estaba bastante tranquila, tenía un currículum excelente y se había egresado de una de las mejores escuelas de economía. Por su parte, Agustín sudaba como loco, su universidad era promedio y como los cursos eran caros, solo tenía la mitad de los que su amiga presumía.

Su lugar en la empresa corría peligro, y siguiendo el ejemplo de Coty, presentía que sería el próximo eliminado de Gran Hermano.

Salió del laburo agotado, no por el trabajo en sí, sino mentalmente. Llegó al barcito de siempre, donde solía cenar, tenía que aprovechar mientras todavía podía darse el lujo de salir a comer. A diferencia de otras noches, se sentó solo en una de las mesas del fondo.

En lo que esperaba que lo atendieran, Agus se metió a Grindr. Ya tenía varios mensajes de chicos con más que propuestas indecentes para esa noche, pero uno en particular le llamó la atención. En su foto de perfil no se veía su cara, solo del cuello para abajo y eso fue más que suficiente para calentarle.

Agustín tenía un fetiche con los hombres musculosos, sobre todo con aquellos con los pectorales marcados y pezones bonitos.

Le escribió, recibiendo una respuesta rápida. La charla fue corta, solo aclarando si eran pasivo o activo y un lugar de encuentro. Rapidito y al pie. El chico le respondió que primero tenía que cenar y, aunque Agustín no era de invitar al polvo del día a comer, le ofreció compartir su mesa en el bar.

El chico aceptó, estaba por la zona.

Por experiencia sabía que un cuerpo tonificado no siempre significaba un rostro bonito, así que no generó grandes expectativas con el hombre es cuestión.

Tuvo que comerse sus palabras cuando recibió otra notificación de Grindr, preguntando en donde estaba sentado. La única persona que entró al bar era un hombre trajeado, alto y tremendamente hegemónico, de esos que solo ves en publicidad. Agustín se río de sí mismo pensando que esa podría ser su cita.

Dejó de reírse cuando, tras mandar el mensaje con su ubicación de mesa, el tipo más bueno que había visto en su vida se acercó hasta donde se encontraba sentado, sonriéndole.

-¿Agustín? Hola, soy Marcos.

"Hoy se come bien" pensó, lejos estaba de referirse a la comida del restaurante.

No se equivocó, Marcos era callado, pero amable y atento. Eso solo en público, en la privacidad del telo, prácticamente se devoró a Agustín, dejándolo saciado e incapaz de hablar al finalizar la noche.

La noche murio joven, ambos tenían que trabajar a la mañana siguiente. Se despidieron sin hacer ninguna promesa con otro encuentro.

Agustín tuvo que admitir que ni bien llegó a su casa, se hizo una paja recordando el toque de Marcos y sus besos. Había sido espectacular.

Pero los volvos de Grinder raramente se repiten y, por lo menos él, creía que no volverían a verse.

-Cogiste. -Le dijo Coty ni bien lo vio llegar a la oficina al día siguiente.

-Buenos días para vos también. -Dijo Agustín, riéndose. -Y si, la pase bárbaro anoche.

No tuvo mucho tiempo para ponerse al día con su amiga, porque la supervisora lo mandó a llamar.

-Guardis, el jefe quiere tener una conversación con vos.

Agustín trago fuerte, sabía que esa charla podría salir muy bien o terriblemente mal. Coty le dio un par de palmaditas de aliento, igual de preocupada que él.

Llegó a la oficina principal transpirando como testigo falso, dio un par de golpecitos a la puerta, escuchando un "Pase" que se le hizo ligeramente familiar.

Entró a la oficina un poco anticuada, no sabiendo bien con que se iba a encontrar. El nuevo jefe no se había presentado ante los empleados hasta el momento y los pocos que lo vieron, terminaron siendo despedidos. Agustín esperaba no contar con la misma suerte.

Lo que nunca pudo haber previsto, ni en sus sueños más pajeros, fue encontrarse con el polvo de anoche, portando un traje distinto a la noche anterior pero que le quedaba como un guante y con la misma cara de sorpresa que la suya. Quizás la expresión de Marcos tiraba más al espanto.

No sabía bien que pasaría esa mañana, pero si no lo llegaban a echar, Agustín presentía que sus jornadas laborales se iban a poner interesantes.

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