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CACHORROS

Los caminos de Dario y Katy se cruzaron gracias a un evento lamentable: la muerte de Antonio y Sebastián.

Dario y Sebastián eran hermanos.

Katy y Antonio amigos de toda la vida.

No se habían conocido hasta el momento, ni siquiera en los cumpleañitos infantiles del pequeño Roberto. Katy siempre cubría las guardias de Antonio cuando este pedía el día por compromisos familiares y Dario estaba muy ocupado cerrando tratos en Uruguay, para ser cada día un poco más rico y más distanciado de su familia.

Eso cambio cuando asistieron al funeral, organizado por Dario y los padres de Antonio.

Fue un evento doloroso, nadie podía creer como personas tan buenas como ellas habían perdido la vida por la inseguridad que atravesaba el país. Fue por el auto, les había explicado la policía, las cámaras de seguridad lo corroboraron. Otro auto apareció de la nada, eran cuatro hombres corpulentos, Antonio se puso delante de Sebastián y ni siquiera tuvo tiempo de sacar su arma del estuche cuando le dispararon en la cabeza. Una sola bala y quedo tendido en la vereda. En el video se veía a Sebastián arrodillado al lado del cuerpo inmóvil de su novio cuando los delincuentes dispararon cinco veces más.

Los habían perdido a los dos en un minuto y treinta y cuatro segundos, lo que duraba toda la secuencia en el video. Al final los ladrones no se robaron el auto, por la presencia de una patrulla que pasaba cerca y salieron huyendo, dejando a los dos hombres tirados en el umbral de su departamento.

Roberto seguía aun en el asiento trasero, mirando todo.

Katy reprodujo el video una infinidad de veces, intentado reconocer los rostros de esos hijos de puta. Al final, el sargento la mando a su casa y con licencia psicológica. Le aclaro que podía pedir el tiempo que necesitara, que sabía cuan cercana era ella con la pareja y que iban a investigar hasta dar con los delincuentes.

No quiso pensar en la cantidad de casos similares que ellos mismos archivaban todos los días y el pequeño porcentaje que terminaba teniendo un cierre con culpables y condena...

Ella estaba llorando tirada en su sillón, cuando recibió una llamada. Últimamente su padre y sus amigos la llamaban para preguntar como seguía, pero esta vez era un número desconocido y a nada estuvo de no contestar. Pero lo hizo, algo le hizo sentir que tenía que hacerlo.

Era Don Carlos, el papa de Antonio, quien con vos muy apagada le pedía por favor que se reunieran en una fecha próxima. Quería hablar con ella sobre la tutela de Roberto.

No sabía que tenía que ver ella en todo eso, ni siquiera era la madrina, pero algo podía sospechar. Los padres de Antonio no gozaban de buena salud y no sabía nada sobre el tal Dario, del que Sebastián no solía hablar seguido.

Para resumir, los familiares de la pareja esperaban que ella tomara la tutela de Roberto. Se negó, se negó muchísimas veces y con muy buenos argumentos, hasta que llego Dario a la reunión y en brazos traía a Roberto. Entonces rompió en llanto, recordando lo doloroso que había sido para la pareja tener a su bebe, los años que habían pasado muy lento sin resultado y la lucha económica por pagar el tratamiento de fertilidad. Lo felices que habían sido cuando por fin pudieron quedar embarazados y las lágrimas que corrieron por la mejillas de los dos cuando Roberto nació, todo hinchado y siendo un bebe súper feo, claro, para los ojos de Katy.

Antonio lo llamaba su tesorito y en su cabeza llegaba la voz de Sebas cantando una canción de cuna aburridísima, de la que ella se burlaba.

Darío le aclaro que el quería la tutela compartida, no podía tenerla completa porque viajaba mucho y no sería estable para la vida del niño, que ya muy difícil era por tener que perder a sus padres a la corta edad de cinco añitos. Él se haría cargo de todos los gastos económicos y lo tendría los días o semanas que estuviera en Buenos Aires.

Katy acepto, con Roberto en brazos aun dormido y con la mama de Antonio llorando a su lado, al igual que ella. Se aseguraría de criar al niño como a sus amigos le hubiera gustado.

Las primeras semanas y meses fueron muy difíciles. Roberto tuvo que empezar a ir al psicólogo infantil y ella también, la terapia fue necesaria para que ambos pudieran salir adelante y aceptar la perdida. Darío casi no veía al niño y si lo hacía era por cortos periodos de tiempo, donde Roberto no quería dejarla porque no le tenía confianza.

-Podes quedarte acá si queres, en la pieza del nene. –Dijo Katy, una de las veces que Dario había ido a llevarse al nene y este no había querido, prendido de su pierna.

-¿No te molesta? –Pregunto Daria, más ilusionado con la propuesta de lo que Katy espero. Ella solo asintió, preguntándose sino le molestaría a él vivir en su humilde departamento.

Roberto y ella no vivían en un mal lugar, pero definitivamente distaba del estilo de vivienda que el hombre tendría. Era claro que Dario era muy adinerado, solo bastaba ver como se vestía y hablaba. Eso le hacía preguntarse muchísimas cosas, la principal de todas esas preguntas ¿Por qué no ayudaste a Sebastián con el tratamiento de fertilidad? Pero nunca dijo nada, solo los hermanos sabrían que relación tenían y ella no era nadie para juzgar.

Se veía que extrañaba a su hermano, sobre todo por la mirada profunda que a veces le dedicaba al nene, como si buscara ver a Sebastián en sus facciones. Ella lo entendía, hacia lo mismo, buscando que partes de parecían mas a Antonio.

La convivencia fue incomoda al principio, pero soportable porque Dario solía quedarse como máximo cuatro días. Roberto con los meses había aprendido a reconocer a su tío y ser más sociable con él al punto de compartir sus lápices de colores con él, el trauma de la noche del asesinato lo había vuelto un niño retraído pero la terapia los estaba ayudando. Aunque aún tenía pesadillas donde llamaba a Sebastián entre gritos y llantos.

-¡¿Qué paso?! –Dijo Dario cuando entro a su cuarto todo paniquiado y en calzoncillos. Katy, tuvo que tragarse la baba cuando lo vio casi en cueros, hacía tiempo que no estaba con un hombre.

Era la primera vez que el hombre presenciaba ese tipo de escena y entendía su reacción, ella estuvo igual las primeras veces y aun así no se acostumbraba a ver al nene tan afectado.

-Está bien, mi amor, todo está bien. –Susurraba sobre el odio de Roberto, quien se aferraba a ella dolorosamente. –A veces le pasa, cuando llegan recuerdos de esa noche.

 

–Le explico a Darío, quien para ese punto estaba sentado en la orilla de la cama, acariciando la espalda de Roberto. –Shh mi vida, el tío Darío y yo estamos acá, siempre vamos a estar con vos.

-¡Mamá! ¡Quiero a mamá!

Katy entonces se quedó muda y la garganta se le cerró, no podía llorar ahora, el nene la necesitaba. Era una mujer fuerte, pero ante la mención de sus amigos y la forma tan desesperaba en la que su hijo los llamaba, le rompía el alma. Ella también quería a Sebas y Antonio de vuelta...

Darío fue el adulto responsable esa noche. Volvió a su habitación y regreso vestido y con el celular en la mano. Se acostó al lado de Roberto y entre caricias le fue hablado con voz suave.

-Mira campeón, mamá ya no puede venir porque está en cielo y nosotros también la extrañamos un montonazo ¿queres saber qué hago para tenerla cerquita cuando lloro a la noche? –Le pregunto, y milagrosamente, Roberto despego la cara de su pecho y le miro con la cara llena de mocos y lágrimas rodando por sus cachetes colorados. Con su atención y la de Katy, Darío saco su celular, reproduciendo un video donde se veía a Sebastián arrullando a Roberto, cuando era más chiquito. –Esa en tu mamá y ese bebe sos vos, eras muy chiquitito, no sabías caminar y Sebas te cantaba todooo el tiempo. –Roberto estiro su mano, y Darío se acercó más dejando que el nene acariciara la pantalla con el dedo, provocando que el video se pausara. Darío lo volvió a poner antes de que volviera a llorar.

Ahora la que estaba llorando a moco tendido era Katy, que nunca había visto ese video, pero que era capaz de reconocer el departamento de sus amigos, por las nubes pintadas en las paredes y la mecedora donde estaba sentado Sebas. También se escuchaba hablar a Antonio, quien era la persona grabando la escena, diciendo "Los amo, mis tesoros".

-Papi... -Dijo Roberto, mirando por quinta vez el video.

-Si amor, tu papi grabo esto ¿Queres ver otros que también tengo? –Roberto asintió entusiasmado y se movió al regazo de Dario, donde podía ver los videos más cómodamente.

Katy aprovecho para ir al baño y sonarse la nariz, se tomó unos minutos para calmarse y después volvió a su pieza, mirando desde el marco de la puerta a Robertito ya somnoliento, pero sin dejar de agarrar con sus manos el celular de Dario. Se podía escuchar la risa de Sebas y a Antonio hablando.

Dario levanto la mirada, preguntándole en silencio si todo estaba bien. Katy le dijo que si y volvió a la cama, sentándose al lado del hombre para ver los videos que más tarde le pediría que le pase a su celular.

Tanto Robertito, Katy y Darío se levantaron tarde al otro día, cada uno siguió con su rutina diaria sin mayor problema, pero era seguro que algo había cambiado desde esa noche en esa peculiar familia y era para bien.

Katy comenzó admirar más a Darío, quien a pesar de ser un alfa, era super amoroso con un cachorro que no esa suyo. Lo mimaba como a un hijo y, como todo padre, era incapaz de decirle que no a sus caprichos y no podía regañarlo cuando se portaba mal. Ese era el papel de Katy, que como su profesión le exigía, ponía su cara más seria y reprendía al niño.

Darío también pudo ver otra faceta de la mujer. No le había gustado nada tener que dejar a su amado sobrino con una total desconocida y, sin sonar prejuicioso, con una gamma. Todos sabían que los gamma eran más fuertes que los omegas, pero que carecían del instinto maternal de uno y no eran conocidos por ser buenas figuras paternas con cachorros que no eran hijos de sangre.

Tuvo que tragarse sus palabras y su orgullo, cuando Roberto la eligió a ella por sobre él, un familiar directo. El niño la amaba, la seguía a donde fuera y era con quien iba llorando cuando se caía o se lastimaba jugando. Darío resulto ser solo un extraño en su vida y Robertito no le tenía confianza.

Katy hizo un mejor trabajo de lo que él hubiera hecho cuando Roberto comenzó ir a terapia. Enfrento el problema y se hizo cargo de la situación. Para él era extraordinario como manejaba los momentos más difíciles, pero asumió que estaría acostumbrada porque era milica igual que Antonio y por esa también era tan seria y cerrada. Por lo menos con él, con Roberto era puras sonrisas y besos.

Hasta que vio su lado roto, el mismo agujero que tenía el cuándo recordaba a su hermano. Katy había llorado junto a Roberto cuando menciono a su mamá y fue consiente de lo duro que la mujer luchaba para no derrumbarse por el bien del nene. La idea del video fue una medida desesperada que no pensó bien, pero que a él le servía para aligerar el dolor de la perdida y, para su alivio, sirvió con ambos.

A partir de entonces y de a poco, ambos empezar a depender más del otro, a ayudarse y necesitarse en los momentos difíciles. Los tres extrañaban a Sebastián y Antonio, él dolor nunca iba a desaparecer ni se iba a reparar el agujero en sus corazones, pero sabían que juntos hacían ese dolor más ligero y que, cuando la angustia los abrumaba, podían mirar videos de ellos sentados en la cama. Ahora tenían una gran recopilación que habían juntados entre amigos y familiares, su propia colección de recuerdos.

Siete meses después.

Darío miro a Katy retar a Robertito que había rayado las paredes del placar con los fibrones que él mismo le había regalado esa tarde. El nene lloraba y le decía que era muy mala con él, que le hacía doler el corazoncito, pero ella no cedía. Pudo ver a su hermano reflejado en su sobrino, quien cuando era pequeño utilizaba el mismo método extorsionador.

Su hermano... Tenía muchísimos arrepentimientos con su comportamiento hacia él y muchas cosas más que eran parte del pasado pero que aun seguía cargando en su espalda.

-No voy a devolverte los fibrones, vas a pensar en lo que hiciste y me vas a explicar que estuvo mal y qué podemos hacer para solucionar este problema. –Dijo con voz severa Katy, mandando a Robertito a la sillita roja, en una esquina de living. Darío intento no reírse cuando el nene paso a su lado, con los brazos cruzados y los ojitos aguados. –Y vos...

Darío se sobresaltó, casi tragándose la bombilla del mate cuando tuvo a la cabo Katalina Humberto a su lado, con las manos en la cadera y la mirada severa.

-Vos no podes comprarle todo lo que quiere, tiene que aprender que todo cuesta y que necesita ser un buen niño para que los adultos le demos las cosas que quiere. –Lo reto, y Dario solo asintió en silencio, pensando si a el también lo iban a mandar a la silla a pensar sobre lo que había hecho mal. –Ahora dame un mate, que estoy muy enojada.

Le sebo uno, amargo como le gustaba a los dos.

-Me voy a instalar en Buenos Aires. –Le comunico, teniendo la atención de Katy al instante. –Este último año estuve moviéndome para cerrar cuentas pendientes en el exterior y ahora estoy buscando departamento.

Katy estuvo a punto de hablar cuando se escucharon pasitos apresurados y a Robertito tironeando de su pantalón.

-¡Te vas a quejar a vivir con nosotros tío! –Grito emocionado, Darío noto que no era una pregunta y solo le sonrió asintiendo.

-Roberto, a la silla. –Le dijo Katy, y este solo la miro con ojitos de cachorro.

-¡Pero...!

Solo basto una mirada para que el nene fuera a paso pesado hasta la silla, rezongando y gimoteando entre lagrimones de cocodrilo.

-¿Me puedo quedar hasta que consiga departamento? –Pregunto más bajo, aun así viendo por la rabillo del ojo que Roberto hacia un gran esfuerzo por intentar escucharlos.

-Por supuesto que sí, esta es tu casa también. –Le dijo Katy, y ambos se miraron, para luego apartar la mirada avergonzados. Darío intento no ponerse aún más nervioso cuando sus manos se rosaron al pasarse el mate.

-Gracias. –Dijo, intentado juntar valor para lo siguiente que iba a decir. –En realidad, yo quería... Si vos queres claramente, y no quiero que pienses que no me gusta tu departamento o pienso mal de él, simplemente que... qué se yo, vi uno en el centro que está cerca de un buen jardín y primaria para Robertito y casualmente está muy cerca de tu laburo, pero no sé, es una idea para pensar y que tenemos tiempo...

Katy lo interrumpió, tomando sus manos. Eran suaves y cálidas...

-Entiendo y lo voy a pensar ¿Esta bien? –Dijo la mujer, sonriendo dulcemente. –Por lo menos ya sabemos que nos bancamos la convivencia juntos.

-Si...

Ambos intercambiaron miradas, estas ves sin apartarlas. Los dos eran adultos y sabían lo que ahí estaba pasando, pero se estaba cocinando a fuego lento, por su salud mental y, por supuesto, para el beneficio de Robertito.

El nene los miraba desde su sillita, pensando si ellos se iban a dar un beso en los labios como solían hacer sus papas cuando se miraban así. 

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