
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Patricia beso a Luna, su gatita, antes de marcharse al trabajo. Camino un par de cuadras hasta la parada del colectivo que solía tomar. En la parada ya se encontraban un par de hombres trajeados igual que ella, a quienes les dedico un "Buenos días". Recibió la misma respuesta, con el mismo tono somnoliento que el suyo.
El colectivo llego, y como siempre, tuvo que viajar parada.
Cuarenta y cinco minutos después, se encontraba saludando al guardia de seguridad del edificio donde trabajaba. Este le respondió sin más, notando que le dedicaba una mirada más larga que otras veces. Patri solo le sonrío, no le dio mayor importancia ya que nunca había tenido problemas con Antonio, un alfa súper amable y solo bastaba ver del amor con el que hablaba de su novio y su reciente embarazo para notar que era un buen tipo.
El ascensor estaba vacío, cosa rara pero que aprovecho para mirarse en los espejos y darse una arregladita en el pelo y la ropa. Noto que las ojeras se notaban más, pensando que capaz hubiese sido mejor maquillarse un poco. Ahora no tenía tiempo.
El ascensor se detuvo en el piso 18, donde bajo y comenzó a saludar con un "Buen día" lo suficientemente alto para que todos escucharan. Sus compañeros le respondieron, aunque uno que otro se le quedo mirando con expresión rara. Ya era la segunda vez que le pasaba y Patricia comenzaba a sospechar que le olía el sobaco, pero se había bañado esa misma mañana y recordaba echarse desodorante antes de ponerse la camisa.
Frunció el ceño un poco incomoda y acomodo sus cosas rápidamente para darse una escapada rápido al baño de damas y retocarse el desodorante. Noto a Vale, su compañera, poniendo labial y aunque no eran muy cercanas, se animó para preguntarle si tenía perfume.
Vale también le miro raro y fue aún más rara su respuesta.
-Tengo el común, pero no borra las feromonas. –Dijo esta, buscando dentro de su bolso. Patricia no dijo nada, ella era beta y ni idea de esas cosas. Capaz era eso y tenía impregnado el aroma de alguien, lo que la asqueo. Existían pervertidos que iban impregnando a la gente con su aroma, sin su consentimiento. Trato de hacer memoria sobre quien se le había acercado en el colectivo o en la calle, pero nadie ni nada le había llamado la atención.
Intentaría no darle mucha importancia y tendría más cuidado de camino a casa.
Le agradecía a Vale por el perfume y volvió a su cubículo, intentado ignorar a sus dos compañeros de escritorio Fabián y Neri, quienes la miraban curiosamente.
No se salvó de sus preguntas a la hora del almuerzo.
-¿Con quién andas querida, que no nos contaste? –Dijo Neri, desenvolviendo la hamburguesa que se había pedido en el puestito de enfrente. Fabián llevaba un sanguche que olía espectacular, hecho por su marido y ella solo tenía una porción recalentada de la cena de hace dos días.
-¿Yo? ¿De qué hablas?
-Ay dale, no te hagas la boluda. –Exclamo Fabi, ayudándola con un mechon de pelo que se le escapó del rodete, siempre tan atento, sino fuera porque se la pasaba hablando del marido el muy trolo, Patri lo hubiera encarado hacía rato. –Si se te nota el olor de acá a la China.
-¿Ustedes también lo sienten? Valeria me dijo algo hoy en el baño, pero no le di bola. –Se excusó, medio esquivando la pregunta, porque en realidad si andaba con alguien, pero no quería mencionar en su círculo a alguien del que estaba seguro, iba a sacar de su vida. –Creo que habrá sido algún desubicado en el colectivo y no me di cuenta.
-Ah no, no me vengas con eso, que lo que te rodea no es una refregada de pija de un acosador ¡Apestas a alfa!
-Uno muy territorial diría yo. –Agrego Fabi, estando de acuerdo con las palabras de Neri. Algo en su cabeza pareció hacer clic, porque su expresión cambio. -¿Estuviste con alguien y te marco sin tu consentimiento? –Le susurro, en un tono cuidadoso.
-¿Marcarme? No, no se... Pero qué onda ¿huelo mal? –Dijo ya un poco preocupada, oliéndose la piel descubierta de los brazos.
Neri la miro con la ceja levantada, también borrando su sonrisa burlona y mirando fijamente a Fabián, con quien intercambio miradas.
-Querida, esto te lo digo con todo el amor del mundo. –Comenzó Neri, mojando una papa frita en ketchup. –Pero hace de cuenta, que tenes un cartel fluorescente que dice "¡No se acerquen! ¡Me meo mi alfa!".
-¡Pero no es un mal olor! –Aclaro Fabi, mirando mal a Neri y su falta de tacto. –Solamente es, muy invasivo...
Muchas imágenes de la noche pasada llegaron a su cabeza. La discusión que había tenido con Uriel, un chico con el que se veía pero que también era beta, como ella. Él la había echado de su departamento y estaba muy enojada como para ir a su casa, así que paso a un bar, donde conoció a una mujer preciosa, alta, cabello suelto y vestimenta elegante. Creyó que era alguien de la farándula y casi no se lo creyó cuando la invito a la planta de arriba. Era la dueña del lugar y la estaba cortejando.
No debió, ella estaba el algo con el idiota de Uriel –por el momento- y era muy responsable con sus relaciones. Aun así, el ambiente del lugar, la reciente pelea y varios gin tonic en su sistema, le permitieron dar ese pasito que en otro momento no hubiese dado.
Catalina, así se llamaba, paso toda la noche con ella, y no todo fue sexo. Era alfa, lo sabía con solo ver su presencia, no bebió más que un par de copas de vino pero a su lado de sintió embriagada y raramente cómoda con su compañía. La mujer la había llevado hasta su departamento, comiéndole la boca antes de dejarla bajar del auto.
La pasó bárbaro, pero se lamentó más tarde cuando la alarma sonó y solamente había dormido tres horas.
-¿Y cómo me lo saco? –Dijo un poco más tranquila, Fabian y Neri sabían de esas cosas, ambos eran omegas y seguramente podrían ayudarla.
La pregunta no pareció ser lo que sus amigos esperaban, porque nuevamente compartieron miradas. Neri estuvo a punto de decir algo, pero Fabian la paro.
-Se va a ir en un par de días, tranqui, a veces cuando mi celo se acerca, Gabriel me marca pero no es permanente. –Le aclaro. –Pero si vos no consentiste eso, está mal que te lo hayan hecho...
-O te lo podes dejar, si es que la persona que lo hizo te gusta. –Dijo Neri, guiñándole un ojo. –Yo amo que mis parejas me marquen su olor en la piel, es sexy.
Fabián solo rodó los ojos y le dedico una caricia en el hombro, diciéndole que después podría ir a una farmacia y comprarse un aerosol que quitara la mayor parte del aroma.
Patricia a veces envidiaba la capacidad de los omegas y alfas de sentir el aroma de otras personas. El resto de su jornada laboral, se preguntó qué olor tendría Catalina...
Llego a su casa a eso de las siete de la tarde. Lo primero que hizo fue darle de comer a Luna y mimarla un poco, después llamo a Uriel y le aclaro que las cosas se terminaban ahí. Este reacciono un poco mal, típico de persona violenta. Patricia haba visto las banderas rojas con ciertas actitudes y comentarios, así que era mejor alejarse.
Se tuvo que aguantar al chabón diciéndole que estaba de acuerdo, que ella no era lo suficientemente buena para él y, cuando la llamada termino, tuvo que comerse un par de mensajes de él diciéndole que podían intentarlo de nuevo, que se había equivocado y que no-se-que otra estupidez manipuladora.
Lo bloqueo, de su whatsapp y de sus redes sociales ¿Qué había visto en el chabón?
Ah sí, que cogía bien.
Catalina también la había cogido bien, pero también la había marcado y eso no le gustaba, no estaba bien marcar a otros sin avisar y fue decidida a reclamarle cuando se subió al taxi en dirección al bar. Que claramente por la hora, estaba cerrado... Se sintió una boluda y entonces tuvo que admitir que no estaba tan enojada por tener su aroma impregnado en la piel, sino que quería verla y esperaba que la conexión se anoche no fuera solo por el gin tonic y el vino...
-Que madrugadora. –Escucho a su lado y la voz le erizo los vellos de la piel.
Volteo, mirando a la mismísima Catalina con ropa de gimnasia. Se veía igual de atractiva que anoche.
-Me marcaste. –Fue lo primero que dijo, no tan enojada como espero. –Me tuve que comer la miradita de mis compañeros del laburo, no está bien lo que hiciste.
Catalina se disculpó, pero no se veía nada arrepentida y eso la hizo enojar.
-¿Queres pasar? –Le dijo después y Patricia pensó que tanto se estaría humillando a si misma si decía que sí. –No está el barman, pero puedo servirte vino.
Quedo pensando en la propuesta, mientras miraba la puerta del local con el cartelito de "cerrado" colgando del vidrio de color azul. Noto que la alfa de acercaba a ella, pero no se giró en su dirección, así como tampoco se apartó. Catalina le acaricia el cuello, las mejillas y la obligo a levantar la cabeza... Anoche no parecía tan alta cuando ella estaba usando sus tacos...
-¿Fui la única que sintió un lazo entre las dos? –Le susurro sobre su boca. Patricia supo que su fuerza de voluntad era nula cuando sintió la ropa interior mojada. –Pasa, te pido perdón por marcarte, pero es que quería que volvieras ¿Vamos?
Patricia asintió, esperando que la besara, pero Catalina no lo hizo, solamente le tomo la mano y la llevo al segundo piso del bar, donde hizo mucho más que besarla.