
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
-¿Saldrás con Malfoy?
Harry casi se atragantó con su café cuando Ron habló. Se encontraba pasando la tarde en la casa de sus amigos, desde que sus trabajos los mantenían ocupados, Herm se aseguraba de realizar meriendas o cenas una vez cada dos o tres semanas. De esa forma podían mantenerse al día y pasar un rato divertido entre sus amigos.
Algo le decía que esa tarde no la pasaría tan bien.
Le dedico a Hermione su mejor mirada acusadora de auror. Esta ni siquiera se inmuto, alzando sus hombros despreocupada.
-Solo le dije que lo que pasó.
-Y ya te dije que no pasó lo que crees que pasó porque nunca pasaría.
Ron miraba entre él y su esposa, optando por mantenerse neutral y tomando entre sus brazos a Rosie, su hija de tres años. La paternidad lo había vuelto más maduro y reacio a meterse en desacuerdos con Herm o con Harry, por lo que se sumió en silencio cuando le convenía.
En ese momento el saloncito del departamento se iluminó por las llamas verdes de la chimenea, que daban la bienvenida a un ojeroso Nivelle. Generalmente solían reunirse los que podían, la mayoría de sus amigos se encontraban ocupados con sus trabajos y obligaciones, siendo usualmente ellos cuatro la mayoría del tiempo.
-Hola chicos. -Dijo Nev, saludando a cada uno, dejando un beso un poco más largo sobre la mejilla de Harry, para luego volcar su atención en la pequeña Rosie que extendía sus manos hacia él, tomándola con una gran sonrisa. Neville se sentó a su lado en el sillón de tres cuerpos. -Harry, ¿fuiste a la librería Hudson? Pase por ahí y creí verte.
No vayas ahí, los libros son innecesariamente caros.
La mirada penetrante de Hermione le coloreó la cara de mil colores. Ron solo levanto sus cejas confundido, el pelirrojo estaba convencido que Harry y Neville tenían algo, así que no entendía donde entraba Malfoy en todo aquello.
-¡No es una cita!
Solo Rosie se reía en ese lugar, mientras los adultos compartieron miradas inquisitivas, para luego pasar a otro tema.