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DÍA 6: PROPUESTA DE MATRIMONIO

Omegaverse. 

-Los Guardis no tienen dinero, pero su linaje es impecable. -Explicó su padrastro.

Marcos había perdido a su padre a la corta edad de ocho años. Un pérdida tan dolorosa como trágica. Su madre quedó sola con tres hijos, y en un mundo donde los omegas no tenían ni voz ni voto, la única forma para protegerse a ella misma y garantizarle un futuro a sus hijos, fue un nuevo matrimonio.

Sus hermanos y él estaban agradecidos de que el nuevo esposo de su madre había sido tolerante con todos ellos, tomándolos como sus herederos al no poder tener hijos propios. Pero su amabilidad tuvo que ser pagada, y ese momento llegó cuando su padrastro pretendía "mejorar" su linaje a través del matrimonio.

Para la clase alta a la cual pertenecían, el dinero no lo era todo y un matrimonio con una buena familia podría cambiar las cosas.

La candidata a casarse fue su hermana mayor y Marcos se negó rotundamente a que esto sucediera.

Sabía que su hermana estaba perdidamente enamorada de un beta de otra familia, y conociéndola bien, ella estaría dispuesta a sacrificar su propia felicidad si eso significaba garantizar un mejor lugar a sus hermanos en sociedad.

No.

Las mujeres de la familia ya habían sacrificado demasiado y esta vez fue turno del Marcos, quien no solía llevar la contraria del patriarca, alzar la voz y tomar él las riendas de ese matrimonio pactado.

Eso lo llevaba a la situación actual, Marcos se encontraba viajando junto con sus padres a la residencia de los Guardis, para llevar a cabo la propuesta de matrimonio.

El viaje en carruaje llevó varias semanas y no hubo un solo día en donde Marcos no rezara para que la persona que sería su compañero de vida fuera alguien bueno. Lo único que sabía de su prometido omega era que se llamaba Agustín y era dos años mayor que él, no mucho más.

La familia Guardis no era precisamente pobre, pero claramente no lo suficientemente rica como para mandar a hacer un retrato de su prometido.

Cuando llegaron a la mansión de los Guardis, un caballero con el cabello poblado en canas y aspecto robusto los recibió, a su lado, una señora rechoncha de cabello rubio y enrulado no dejaba de sonreírles nerviosa, pero que a Marcos se le hizo cálida.

Fue una buena primera impresión, pero de su prometido no había ni un pelo.

-Lo lamento muchísimo, mi hijo tuvo que asistir a una reunión con los trabajadores de una de nuestras empresas mineras, será rápido y estará a tiempo para el almuerzo. -Explico rápidamente la mujer.

-Su hijo omega. -Dijo su padrastro, mirando con desaprobación el hecho de que un omega se hiciera cargo de los deberes familiares. Ese era el papel del patriarca de la familia y de un alfa.

-Si, mi salud no es la mejor, pero Agustin es más que capaz de llevar a cabo un simple trabajo de revisión. -Explicó el padre de su prometido, sin ser tan simpático como en un inicio, claramente molesto por las palabras de su padrastro.

Las cosas se estaban poniendo algo tensas, pero rápidamente Mariel, su futura suegra, tomó la palabra, invitándolos adentro para tomar el té y mostrarles la casa, donde se quedarían un mes en lo que terminaban de planificar el contrato de matrimonio.

Marcos pidió salir a caminar alrededor, siendo instruido por Mariel para que recorriera el sendero de su jardín. Así lo hizo, pudiendo por fin relajarse cuando pudo alejarse de su familia, respirando el aire puro del campo. El lugar era precioso, nada tenía que ver con la ruidosa ciudad donde él vivía.

Se mantuvo caminando hasta llegar a un banco de mármol, ubicado frente a un pequeño lago. Fue entonces cuando lo vio.

Un joven pequeño, con el cabello muy similar al de Mariel pero oscuro y de ojos azules. Se acercaba a Marcos con paso decidido y con una sonrisa que creció cuando sus miradas se cruzaron.

-¡Hola! ¿Marcos Ginochio? Un gusto por fin conocerte, soy Agustin, mi madre me dijo que estabas en el jardín y vine a presentarme. -Dijo el omega, extendiendo su mano ante Marcos, que la tomó con cuidado, notando que no llevaba guantes. -Perdón por no poder recibirte, ya sabes, circunstancias de último momento, aunque prometo no llegar tarde el día de nuestra boda.

Marcos descubrió que su prometido no solo era precioso, sino que su olor era tan atractivo para su Alfa que solo deseaba enterrar su nariz en su cuello. Hablaba mucho y demasiado rápido, nada que ver con los omegas de la capital que a penas y si omitían palabra detrás de sus alfas. Lejos estuvo de ser desagradable.

-Es un gusto conocerte por fin, Agustin. -Dijo Marcos, contagiándose de la sonrisa de oreja a oreja que adornaba el rostro de su prometido.

Aun si el futuro era incierto, Marcos sentía que Dios había escuchado sus plegarias, enviándole un compañero que estaba fuera de toda la norma del comportamiento apropiado de un omega y era precisamente su personalidad que lo volvía brillante y atractivo. 

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