
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
Luego de la muerte de sus padres, Misaki intento desesperadamente no ser una molestia para su hermano, quien a pesar de todas las cosas que decían sus parientes más cercanos sobre que era mejor dejarlo en un orfanato hasta que cumpliera la mayoría de edad o hasta que este terminara la carrera y consiguiera un trabajo, su hermano hizo caso omiso a esas "recomendaciones" sacando pecho y espada, como un héroe, y les dijo a todas esas personas, que nunca antes se habían preocupado por ellos, que él no abandonaría a su hermano y que se haría cargo, lo criaría y seguirán siendo una familia. Su héroe. Pero la familia que un primer momento sería de dos, sin darse cuenta se volvió de tres.
Un hombre que los acompaño en silencio y a distancia en el funeral, apareció una tarde un su casa presentándose como el mejor amigo de su hermano, y luego vino otra, y otra. Hasta que el cuarto, que antes fue el estudio de su padre, se convirtió en una habitación improvisada para Usami-san, o como su hermano siempre le llamaba: Usagi. No era un tipo muy agradable, tenia una cara muy seria todo el tiempo y eso asusto un poco a Misaki, pero con el pasar de los días y viendo que su hermano le tenia alta estima, se acerco poco a poco al hombre.
Usagi-san no era bueno con los quehaceres de la casa, no sabía cocinar, ni limpiar y ni plantar ropa. No era una persona muy útil, hacia más desastres que el propio Misaki que solo tenía ocho años por ese entonces, su hermano se la pasaba regañándolo diciendo no a esto y no a aquello: "No, no puedes preparar la cena ¡Quemaras todo de nuevo!", "No, deja la placha ahí, ¡La ultima vez casi quemas el departamento!", "¡No! ¡No puedes contratar a una empleada para que lo haga por nosotros!" y, una frase que se repetía todo el tiempo "¡No nos mudaremos contigo! No seremos mantenidos, yo puedo hacerlo ¡Así que guardo ese dinero!". Misaki en ese entonces no entendía porque no podían mudarse al castillo del que Usagi-san era dueño, eso seria genial y podría presumir a sus compañeros de eso, pero su hermano siempre se negaba alegando de que no necesitaba la ayuda de nadie para criarlo y que con Usagi-san alrededor, este seria como tener que criar a dos niños y no a uno.
A pesar de todas sus negativas y gritos, el amigo de su hermano nunca se apartó de su lado y, con el tiempo, ya ninguno de los Takahashi podían imaginar una vida sin Usagi-san alrededor. No todo era tan malo, Misaki amaba que durante las noches antes de irse a dormir, Usagi le contaba historias fantásticas con la que luego soñaba. Además, cada cosa que el quería la obtenía, aunque luego su hermano los regañara a ambos, pero Usagi-san solo decía "Si lo quieres, lo tendrás" y para el pequeño Misaki quien no entendía mucho de temas de dinero pero que sabía que no podía pedir de mas, Usagi se convirtió como un su hada madrina. Solo una vez no cumplió su deseo, porque al parecer no puedes revivir a los muertos con dinero.
Definitivamente no podía imaginarse una vida sin él, su hermano trabajaba muchas horas, incluso los fines de semana, por lo que agradeció la presencia se Usagi, ya que así no se sentía solo en ningún momentos y tenía a alguien que le ayudaba con sus deberes y jugaba con él. Además, estaba agradecido con él, ya que su hermano tampoco estaba solo, quizás nadie se lo dijera pero sabía que Takahiro estaba pasando por momentos duros y estresantes. Takahiro trataba de que Misaki no se diera cuenta cuando se encerraba en el baño a llorar o cuando la sonrisa que siempre utilizaba como una máscara antes su hermano pequeño se caía a veces, haciendo que sus ojeras se volvieran más marcadas y sus ojos con menos brillo. Pero ahí estaba Usagi-san, siempre en silencio a su lado, apoyándolo y consolándolo en los momentos más difíciles.
Con los años las cosas fueran mejorando y su hermano fue ascendiendo en su trabajo, Usagi se convirtió en escritor y ganó varios premios y Misaki, bueno, el solo pasaba días divertidos con su familia peculiar. Ademas, con los años, también crecía la cercanía entre Takahiro y Usagi-san. A Misaki no le pareció extraño que su hermano y su amigo comenzarán a dormir en la misma habitación, a veces hasta cerrando su cuarto con llave, no le pareció extraño que estos se tomaran de las manos a veces, ya que Usagi-san era extremadamente cariño y, mucho menos, le pareció extraño que su hermano devolviera los mismos gestos, ya que Misaki también le decía "Te amo" a Usagi. A sus 14 años fue consciente de que su "Te amo" y el de su hermano eran distintos, cuando al llegar a casa un poco antes de lo usual, los encontró besándose como lo hacían las parejas, en los labios. Takahiro ni bien noto su presencia se desespero por explicarle la situación, pero Misaki no podía prestar atención a las palabras casi sin sentido de su hermano, ya que en su cabeza solo podía ver en los ojos de Usagi-san una expresión que nunca antes le había visto poder, como de... molestia. Desde entonces le quedó claro que en la vida de Usagi-san y en su corazón, el espacio que su hermano ocupaba eras mas grande y muchísimo más importante que el podría llegar a ocupar... y eso lo llenó de enojo y tristeza.
Esos mismos sentimientos se fueron volviendo más intensos, cuando ante la salida de armario de Takahiro, las muestras de amor que antes se hacían en la intimidad, se volvieron moneda diaria. Misaki no entendía porque su corazón dolía cuando veía esos gestos que Usagi-san solo le dedicaba a su hermano y por las noches se angustiaba pensando que había algo mal con él, que era una mala persona por desear que su hermano se alejara para que el hombre de ojos violetas solo lo mirara a él. Takahiro siempre había sido un héroe para el, y todos sabemos que los héroes tienen un villano, Misaki lo sabía y algunas noches, el se sentía el villano. Fue a sus 16 años que lo entendió, cuando luego de charlar con sus amigos sobre que era estar enamorado... y esa noche lloró más que las anteriores, porque por fin fue consciente de que él se había enamorado del amante de su hermano y que no importaba cuánto lo intentara, MIsaki jamás recibiria esos abrazos, esas promesas de amor ni los besos del mayor.
Ese fue el primer punto de quiebre.
Su primer amor nunca sería correspondido, así que sólo dedicó sus esfuerzos a ser un buen hermano y a procurar nunca hacer nada que provocara que Usagi-san lo volviera a ver con esas misma expresión de molestia. Se esforzó por sacarse buenas notas en la escuela, en aprender a cocinar y, sobre todo, a intentar dejar de querer un poquito menos a Usagi-san. Sin embargo, no importaba cuánto se esforzara y le suplicara a su corazón que dejara de latir tan fuerte por el mayor, el tiempo solo hizo que esos sentimientos se volvieran cada vez más fuertes. Solo podía mirar desde lejos lo que nunca podría tener o eso es lo que creyó.
Durante la primavera de sus 18 años, cuando volvió de a su casa con los resultados de sus exámenes, encontró a Usagi-san recostado contra la pared de la entrada, sosteniendo el teléfono fuertemente y con la cara empapada en lágrimas. Lo único que pudo entender de sus murmullos fue "accidente automovilístico" y "no sobrevivió". Un martes fue el funeral de su hermano, el día estaba soleado y Misaki no podía ser más miserable, no solo por la pérdida de su hermano, no solo por tener que vivir el dolor de perder a un familiar otra vez, sino porque, muy dentro de su corazón, una mancha negra y podrida se asomaba susurrándole "Es tu oportunidad".
Su hermano siempre le decía que debía ser más egoísta, que no tenía que guardárselo todo para él. Entonces ¿podría tomar esas palabras de consuelo? Para justificar los pensamientos horribles que llegabas a su mente.
Ese fue el segundo punto de quiebre.
Las primeras semanas después de la muerte de su hermano fueron extremadamente difíciles, sobre todo porque Usagi-san parecía no querer salir de ese estado de shock en el que estaba. No quería comer, no hablaba con nadie y ante la mínima insistencia de Misaki para que probara bocado o para que no fumara ni bebiera tanto, explotaba en gritos y alaridos. Terminando las noches siempre en la misma condición, borracho a más no poder y llorando desesperadamente murmurando el nombre de su hermano. Pero Misaki no se rindió, ni los gritos ni los malos tratos de Usagi lo alejaron. Se mantuvo cerca, obligándolo a comer, recordandole que debía bañarse, repitiendole que siempre estaría a su lado y a veces, muy pocas veces, cuando Usagi-san parecía volver en sí, éste le tomaba la mano y lo miraba como pidiendo que no lo abandonara. Y así fue. Estaba determinado a devolverle las mismas atenciones que el mayor había dado cuando perdió a sus padres. Primero llamó a Aikawa para explicarle la situación y para pedirle unas vacaciones largas para Usagi-san. Después decidió aplazar su ingreso a la universidad un año para poder concentrarse en las necesidades del novelista, quien después de casi un mes en ese estado, pareció estar volviendo en sí mismo, por lo menos lo suficiente para comer por sí mismo y bañarse sin tener que estar detrás de él para que lo hiciera. Lo que Misaki no pudo cambiar fue la dependencia que el mayor desarrollo hacia el alcohol, cada vez que iba al supermercado lo único que Usagi pedía era botellas de vino y, aunque se negara a traérselas, este las terminaba consiguiendo de un modo u otro. Llegó un punto donde el escritor no podía dormir sin tener que estar un poco borracho antes, la situación realmente estaba preocupando a Misaki pero a la vez quería ser él mismo quien curara a Usagi, quería que este se diera cuenta que él siempre estaría a su lado y que siempre sería un hombro al cual apoyarse para poder llorar.
Solo quería que lo mirara como Misaki lo miraba a él.
Una noche, una de esas difíciles donde Usagi no podía dormir a pesar de tener varias botellas vacías en frente de él, que Misaki odiaba porque en esos estados el mayor parecía irse a un lugar donde él no podía llegar, el escritor hizo algo diferente: lo miro. Pero no esa mirada que una persona le da a un amigo, o al niño que ayudaste a criar, no, esta era distinta, de esas que le das a una persona cuando la deseas. Usagi se levantó de la silla del comedor y se tambaleo hasta Misaki, quien se encontraba en la cocina terminando de lavar los traste. El mayor de pego a la espalda del chico, arrastrando las manos por su abdomen y besando su cuello, haciendo que Misaki temblara de la sorpresa y el placer. Una cosa llevó a la otra, y ambos terminaron desnudos en la habitación del menor, que era la más cercana a la cocina. Dolió más de lo que Misaki hubiera imaginado, las caricias fueron rápidas y sin cuidado, y los besos no eran esos gentiles y llenos de amor que su fantasía había creado durante su adolescencia, pero no lo importo, porque por fin tenía a Usagi para el solo y por fin este se había dado cuenta de su existencia como algo más que el hermanito de Takahiro.
A la mañana siguiente, Misaki se despertó adolorido pero feliz de tener a Usagi durmiendo a su lado, aunque hubiera preferido que este no le estuviera dando la espalda. Quizás el mayor no fuera tan romántico como hubiera esperado, pero eso no apagó sus ánimos y contento fue a preparar el desayuno para los dos y a limpiar el desastre de botellas que había quedado de la noche anterior. Un poco más tarde, cuando estuvo todo listo, el chico de ojos verdes fue hasta su habitación a despertar a Usagi, pero este no estaba ahí. Sorprendido, fue hasta la habitación que este compartía con su hermano y ahí estaba, sentado en la orilla de la cama con las manos cubriendo su rostro.
-¿Usagi-san? ¿Pasa algo?
-Lo siento tanto Misaki, lo siento tanto.
-¿Eh?
-Lo siento, te juro que no quería hacerlo...
-Shh, está bien. No me obligaste a nada, podría haberlo parado pero no lo hice, así que no te preocupes.
-Realmente no quería...
-Usagi-san, deja de llorar, está bien.
-¡No lo esta! ¡Nada está bien! Yo no quería... porque tu no eres...
-...
"No soy él", no hacía falta que el mayor terminara la oración, tampoco quería que lo hiciera. No estaba llorando por él, no era él por quien se estaba preocupando, no eran sus labios a quien había querido besar y no fue su persona a quien había hecho el amor anoche. En todo momentos, en la cabeza de Usagi había estado el recuerdo de su hermano. Había sido un reemplazo. Esta vez no lo consoló como lo habría hecho antes, simplemente salió de la habitación, se puso lo primero que vio y salió del departamento. Volvió unas horas después, con los ojos hinchados pero Usagi no pregunto y Misaki tampoco dijo nada, y así fue durante unos días, hasta que el escritor volvió a perderse en la bebida y volvió a buscar el calor humano de los únicos brazos que estaban cerca. Al otro dia, la culpa llegaba para el hombre, pero nuevamente se borraba con un poco más de vino. Misaki no se quejo, ni se negó cuando las manos del mayor le sacaba la ropa y lo recostaban en la cama. Lo único que agrego a esa rutina fue salir a caminar antes de que el mayor despertara e intentara pedirle perdón, no podría soportarlo una segunda vez: ver su mirada de culpa. Otra mirada que no quería que se refleja en su persona.
A partir de ahí, fue una caída en espiral.
No podía alejarlo, ni quería, porque añoraba el sentimiento de ser deseado por parte del hombre que amaba con locura, pero el sentimiento de que estaban haciendo las cosas terriblemente mal a la mañana siguiente, no lo dejaba es paz y parecía no querer irse por más que Misaki se repitiera que con eso era suficiente, que podía conformarse con ese cachito que Usagi estaba dispuesto a darle. Lastima que la realidad era otra, porque cuando la piel dejó de ser suficiente, comenzó a querer mas que solo sexo, pero no podía pedirlo. Sabía que en el momento en que alguno de los dos dijera algo sobre el elefante de la habitación, había terminado todo y sería punto muerto.
No, podría soportarlo. Misaki era un especialista en esconder sus sentimientos, así que lo haría si eso significaba poder seguir siendo abrazado una noche mas por Usagi-san. Suspirando, saco los alimentos que había comprado en el supermercado y se dispuso a colocarlos en su respectivos lugares, así como también lo hizo con las cuatro botellas de vino que había comprado... Si, estaba bien si era un poco egoísta ¿Verdad?.