
Entre fanfics mal escritos, mates y otras drogas
A Neville le sudaron las manos cuando fue llamado a la oficina del Jefe. A él nunca le habían llamado, nunca cometía errores o por lo menos no lo suficientemente graves para ser regañado y no era tan sobresaliente como para que le dieran alguna misión en solitario, su fuerte era el trabajo en equipo. Así que las razones detrás de su presencia ahí eran muchas y nada positivas, aun así, se mantuvo sin expresiones gracias a todo su entrenamiento como auror.
Al entrar en la oficina, apenas y si puedo ver a su Jefe sentado en el escritorio, rodeado de pilas de documentos y papeles. Diciembre era la época más pesada en el Ministerio, y la oficina de aurores no era la excepción, los casos de delincuencia no eran apaciguados por el espíritu navideño y, con la cara que su jefe tenía en ese momento, él tampoco parecía ser cautivado por la época. Neville estuvo a punto de saludar correctamente a su superior, pero este ni siquiera le dejó decir nada.
-Auror Longbottom, a partir de mañana tienes una misión como escolta. Toda la información está en este archivo. -Dijo el hombre, sin despegar la mirada de su escritorio, en lo que un sobre marrón levitaba, desde una pila de otros sobres similares hasta las manos de Neville.
-Señor, aun sigo en una misión con Finnigan y...
-Estamos cortos de personal, deberán terminar solos. -Dijo, mientras se masajeaba la frente con evidente cansancio. -Se que harás un buen trabajo.
Eso era todo, aunque no lo había dicho, Neville era consciente que no podía objetar, ni siquiera para recordarle que mañana era Navidad y él ya había pedido permiso para descansar ese día. Ese "Se que harás un buen trabajo", se traducía como un "Haz lo que se te ordena y vete". En silencio, así lo hizo.
No es como si tuviera grandes planes para Nochevieja, tenía pensado ir a visitar a sus padres y luego cenar pavo con una copa de vino... O quizás un poco más. Esta sería su primera navidad sin su abuela, y aun le resultaba un poco duro luego de cuatros meses de su fallecimiento... Era mejor no pensar en eso, por ahora. Si lo analizaba mejor, quizás resultaría una mejor idea mantener la cabeza ocupada en el trabajo, no era tan malo ser un escolta, solo tenía que quedarse al lado de la persona que lo solicitó y eso sería todo. No era nada fuera de lo común en esos días, se realizaban importantes fiestas entre los magos de clase alta, y era usual que algún político o figura pública solicitará el resguardo de un auror.
Estuvo a punto de sentarse en su escritorio a ver quien era el susodicho con quien pasaría la Navidad, pero alguien saltó sobre su espalda, haciendo tambalear. No podía ser otro que Seamus, sólo él parecía no ser perjudicado por el estrés que envolvía al resto de sus compañeros, escupiendo el maldito espíritu navideño por los poros.
-¡Hey! ¡Qué cara llevas! ¿El Jefe te regañó?
-No, me asignó una misión. -Dijo Neville, masajeando su hombro cuando su amigo le soltó. -Ya no estoy en la misión contigo y Thomson, lo siento, se que queda mucho trabajo de papeleo aún.
-Vamos hombre, que está bien, no puedes hacer nada si es una orden de arriba. -Le tranquilizo Seamus, la verdad es que no terminar un trabajo le dejaba un mal sabor de boca. No era el auror más destacado, pero siempre se aseguró de dar lo mejor de sí mismo y no darle problemas a sus compañeros. -¿Qué tienes que hacer ahora? ¿Corretear a los duendes de Santa?
-Algo más aburrido, tendré que escoltar a alguien mañana en la fiesta del Ministerio. -Dijo, riendo por las ocurrencias de su amigo.
-Uh, nada peor que tener que soportar gente pija en Navidad, sabes, ahora el papeleo con Thomson parece todo un regalo. -Dijo Seamus, poniendo una cara de "Pobre criaturita", para luego cambiar a una expresión pícara, que Neville sabía, era todo menos bueno -Vamos a lo importante, ¿Quién es la persona afortunada que te tendrá todo una noche para el solo?
-¡No lo hagas sonar así! -Dijo Neville, con la cara ardiendo de vergüenza. El Irlandés solo se reía con pura maldad, burlándose de él.
-¡Quizás y hasta te toque a algún mago guapo!
-¡Shh! ¡No hables tan fuerte!
-No te enojes, anda, fíjate quien es.
Neville, aun con las orejas ardiéndole, se sentó en su escritorio, abriendo el sobre, con su amigo muy cerca observando todo. Leyó rápidamente la información y, si antes la sangre le había subido hasta la cara, ahora parecía haberle abandonado todo el cuerpo.
-Oh... Mucha suerte con eso. -Dijo Seamus, dándole unos golpecitos en la espalda.
Ese nombre escrito en el papel era uno del que no había escuchado en mucho tiempo, por lo menos desde que terminó su estadía en Hogwarts. Trago fuerte cuando volvió a leerlo y el nombre de su ex-profesor estaba detallado claramente: Severus Snape.
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Durante todo el mes de Diciembre miles de fiestas se llevaban a cabo, pero por supuesto, la fiesta de navidad y de fin de año en el Ministerio eran las más esperadas. El lúgubre lugar estaba completamente decorado en tonos plateados y blancos, con algún hechizo que hacía que pequeños copos de nuevo cayeran desde el techo, desapareciendo justo antes de tocar a los invitados. Todo era exuberante y ridículamente caro, y los magos y brujas de clase acomodada se pavoneaban entre los de su misma clase con las túnicas más costosas y las joyas más brillantes.
Neville se había vestido con una túnica verde oscuro, con algunos detalles en plateado, era elegante pero sencillo. Estaba acorde al lugar pero al no llamar la atención como el resto de los invitados sería más fácil moverse y que le ignoraran. Solo esperaba que fuera adecuado para el profesor también... Tenía que recordar no llamarle así, que ya no estaban en la escuela y él no era el mismo niñito de entonces.
Decir que no estaba asustado sería mentir, la verdad era que Neville estaba aterrado. Aun después de participar en la segunda guerra mágica, de haberse enfrentado con mortifagos y derrotar a Nagiri, nada de eso era comparable con lo intimidado que se sentía al estar en frente de Snape. Este había especificado que se encontrarían en la entrada del lugar a las nueve en punto, y había llegado quince minutos antes, con el cuerpo sudado y los puños blancos de tanto apretar la varita dentro de su túnica.
Severus Snape siempre había significado problemas y miedo en su mente juvenil. El profesor parecía odiar a todos sus alumnos, sobre todo a los Gryffindor y, en particular, a él. Siempre era el blanco de sus comentarios ácidos que en más de una ocasión, aunque le avergonzaba admitirlo, le habían hecho derramar un par de lágrimas. Luego, con la guerra encima de ellos, su percepción hacia él había cambiado, Neville lo consideraba un traidor -como todos, vamos- y cuando le veía por los pasillos, ahora con el puesto de Director, no podía evitar mirarlo con resentimiento. Lo último que supo de su persona, fue lo que salió en todos los periódicos de toda Europa: el doble agente que había ayudado al elegido a cumplir su misión. Su sorpresa se hizo mayor cuando el mismísimo Harry lo defendió y salió a limpiar su nombre. Entonces ya no sabía qué pensar con respecto a él y, con el tiempo, se olvidó de eso, hasta ahora.
La sociedad mágica estaba dividida en cuanto a opiniones. Aun con esa fama, era obvio que existían personas que esparcían malos rumores y creían que, si Snape logró colarse entre las filas del Señor Oscuro sin problemas, entonces tampoco tendría muchas trabas para engañar a Potter. El informe que recibió decía que había estado recibiendo amenazas de muerte desde hacía meses y, si bien ninguna se cumplió, su negocio de pociones había sido asaltado, teniendo pérdidas muy costosas. Al parecer se encontraba trabajando para el Ministerio en la identificación de mortifagos que aun se encontraban sueltos, por lo que se sospechaba que los perpetradores eran antiguos militantes del Señor Tenebroso. Neville no creía que alguien fuera a atacarlo en un lugar con tantos ojos, pero todos sus años en la fuerza le había enseñado que nunca debía confiarse o lo pagaría caro.
Snape llegó a la hora acordada, y casi tuvo que mirarlo dos veces para reconocerlo. Su apariencia era un poco más saludable, llevaba el cabello corto por lo que ahora no tenía esa visión tan aterradora, aunque se encontraba usando túnicas tan negras como lo recordaba. Sinceramente lo había imaginado mucho más viejo, arrugado y caminando con un bastón, pero el hombre que caminaba a paso elegante y seguro en su dirección no tenía nada que ver con esa imagen.
-Buenas noches profes-... -Casi se mordió la lengua cuando esa palabra salió de su boca, avergonzando "¡Ya no están en la escuela, idiota!", pensó. Intento mantener el temple aun con las mejillas ardiendo. -Buenas noches Señor Snape, daré un buen desempeño esta noche.
El calor en su cara no hizo más que aumentar cuando por un momento, la cara de Seamus se le vino a la cabeza y su estúpida frase de con quien iba a pasar esa noche. Se estaba comportando como un tonto delante del hombre. Estuvo esperando algún tipo de burlas o algo similar por parte del ex-mortifago, pero aun si lo pensó, solo se limitó a responder su saludo. En fin, quizás era porque Neville había pasado por mucho o tal vez ya había madurado, pero el profesor no parecía tan... malo. Por su parte, Snape le dio dos órdenes antes de perderse entre las personas: permanecer a una buena distancia de él, no quería tenerlo pegado a su espalda toda la noche y no hablarle a menos de que fuera estrictamente necesario... Bien, no es como si Neville hubiera esperado un reencuentro más cálido, eso sí que sería aterrador, por lo que hasta se alegró de no tener que forzar la relación entre ellos. Solo debía pasar desapercibido, lo que sucedería sin mucho esfuerzo, y hacer su trabajo correctamente.
Ahora se sentía un poco tonto por haber estado tan nervioso por esa misión.
Definitivamente la noche estaba siendo tranquila, incluso se atrevería a decir que todo ese ambiente brillante y glamoroso era bastante aburrido. Nadie parecía tener intenciones de matar al profesor -se había rendido con llamarle de otro modo, por lo menos en su cabeza- o provocarle algún tipo de daño, las personas que se le acercaban sólo mantenían conversaciones casuales y hacían bromas estúpidas. Otros se acercaban a hablar sobre negocios. Por otro lado, algunas de las conversaciones iban hacia rumbos un poco... Indecorosos por decirlo menos. Mirándolo bien, sabía que el profesor tenía un aspecto duro y serio, pero eso no le quitaba atractivo, por lo que podía entender esas miradas anhelantes. Además, a todos les atraía tener una aventura con alguien rudo ¿Qué más rudo que un doble agente? Neville no era ciego, podía decir cuando un tipo era atractivo, aunque era mejor no tener ese tipo de pensamientos...
Nada cambió en las primeras dos horas.
Entonces, cuando el ambiente se puso más animado ya que faltaba poco para la cuenta regresiva, le vio escabullirse por un pasillo, siendo seguido por un tipo alto y rubio. Avanzó en su dirección lo más rápido que pudo sin que nadie sospechara de él, yendo detrás de los dos hombres hasta llegar a una sala no tan amplia como la principal, pero lo suficiente para que Neville pudiera mantener las distancias sin ser visto.
Snape parecía estar teniendo una charla bastante acalorada con el hombre que aún no había identificado, ya que se encontraba de espaldas a él. En el silencio del lugar, era inevitable no escuchar lo que estaban diciendo y, lo que en un momento creyó que era un chantaje o algo similar, se estaba convirtiendo en una pelea de... ¿Amantes?
-¿Por qué siempre tienes que ser tan necio Severus?
-El único necio aquí eres tú, quien no es capaz de asimilar cuando suficiente es suficiente.
-Ya hemos tenido esta conversación muchas veces, pero si te sirve de algo, hable con Narcisa.
¿Narcisa? ¿No se llamaba así la madre de Malfoy? Neville no estaba seguro de que tan correcto era escuchar esa charla, pero no podía olvidar su misión principal en ese lugar.
-¿Te vas a divorciar de ella?
Una risa burlona resonó en el lugar, y, desde la pared donde estaba oculto, pudo apreciar como una expresión cercana a la desolación arrasó con el rostro de su ex-profesor. Conocía esa cara, era la misma que se reflejaba en el espejo de su baño, cada mañana desde hacía cuatro meses.
-¡A veces eres tan iluso Sev! Pero eso te hace ser aún más encantador. -Dijo el tipo, moviéndose alrededor como si estuviera cazando a su presa, entonces, Neville pudo ver de quién se trataba. -Por supuesto que no, un Marfoy nunca se divorció.
-Entonces explícame qué tiene que ver Narcisa en todo esto.
-Bueno, tuvimos una pequeña conversación y acordamos divertirnos discretamente. Cisa no pondrá pegas ahora que Draco es un adulto, así que podremos pasar mucho tiempo juntos, eso era algo que en el pasado tanto te molestaba ¿No te agrada?
-¿Debería agradarme convertirme en la puta de alguien? Simplemente... Tu nunca cambias...
Bien, eso era demasiada información que hubiera preferido no tener que saber ¡Qué horror! ¡Que Snape follaba! ¡Y con Lucius Malfoy! Necesitaba un Obliviate urgentemente.
Neville tuvo que dejar de pensar estupideces cuando un ruido fuerte se escuchó y, al voltear en esa dirección, vio a Snape forcejeando con Malfoy, y a está diciéndole tantas cosas desagradables, que ni siquiera era capaz de reproducir. La adrenalina recorrió el cuerpo, sintiendo su magia picar en sus manos y sin poder apartar la vista de la mirada apagada de Snape.
-Ya deja de hacerte el difícil, aunque eso me ponga como no tienes idea, hoy no tengo mucha paciencia para... ¿Así que viniste acompañado?
Su entrenamiento como auror le permitió posicionarse detrás del tipo, sin ser notado. Con varita en mano y apuntando justo en su espalda, Neville no dudó ni dos segundos en salir de su escondite para intervenir en aquello que hacía rato había dejado de ser un encuentro romántico.
-Señor Malfoy, por favor coopere y retroceda. -Dijo, con la voz mortalmente seria. Neville no era el mejor auror, claro que no, pero eso tampoco lo convertía en uno incapaz. Siempre finalizaban sus misiones sin contratiempos, esforzándose al máximo en su trabajo.
Lucius Malfoy se dio la vuelta, encarándolo con una sonrisa media burlona, desapareciendo cuando lo reconoció. Claro que sabía quién era él y seguramente sabía el peso que su nombre tenía luego de la guerra. Nadie se metía con los valientes héroes que se enfrentaron a Voldemort y sus mortifagos. Ahora con tez un poco pálida, alzó la manos, murmurando que solo estaba conversando con un viejo amigo, mientras daba pequeños pasos lejos de él. Malfoy siempre había sido un cobarde después de todo.
-Señor -Dijo Neville, dirigiéndose a Snape pero sin apartar la vista de miserable enfrente de él. -¿Cómo quiere que proceda? -Se le ocurrían miles de formas de arruinar a Malfoy, pero quien tenía la última palabra aquí era Snape, después de todo, si él decía que allí no había ningún problema, Neville no podía hacer nada sin su testimonio.
-Déjalo ir.
No era lo que quería hacer, pero bajó la varita sin más.
El silencio reinó en la sala, solo se escuchaba los pasos apresurados de Malfoy alejándose por el pasillo.
-¿Se encuentra bien? -Preguntó cortésmente, pero solo fue recibido por una mirada helada.
-Te dije que dieras una vuelta por otro lado.
-Se me ordenó escoltarlo, lo que significa que no puedo alejarme demasiado de usted. Ante todo, mi principal misión es protegerlo, hasta que la fiesta finalice. -Dijo, un poco molesto por esa reacción de su parte. -Además, usted no parecía querer estar ahí, por eso intervine, le pido disculpas si mi percepción fue errónea.
Ninguno dijo nada más. Neville quería preguntarle si era ese idiota la razón por la cual había solicitado un escolta y si ese tipo de actos habían pasado anteriormente, pero se guardó sus preguntas para sí mismo. Sabía lo poderoso que era su ex-profesor, era conocido como un mago eficaz y hábil. Una persona con esas cualidades no debería tener problemas en apartar a un patán como Lucius Malfoy con solo un movimiento de varita, hasta sin ella podría hacerlo. Pero si había algo de lo que estaba seguro y por experiencia propia, era lo difícil que es enfrentarse a aquellos a quienes consideramos importantes, ya sea un amigo... o un amante.
-Estaré en el pasillo, hágame saber si necesita algo más. -Dijo, intentando ser lo más profesional posible, aunque quien necesitaba tranquilizarse ahí era él mismo. Esa actitud prepotente le confirmaba sus sospechas y, si antes tenía cierto rechazo por los Malfoy, ese sentimiento había escalado. Tuvo que respirar profundo varias veces antes de poder calmarse del todo.
Snape salió al pasillo unos minutos después. No se detuvo ante su persona y Neville le siguió de cerca, estaba vez no se alejó tanto de él. Cuando llegaron al recinto principal, el Ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, se encontraba dando un discurso de agradecimiento e invitando a todos a sostener sus copas para realizar el conteo. Un mesero pasó apresuradamente a su lado, parando frente al profesor, quien tomó dos copas y, por primera vez en la noche, se volteo hacia Neville ofreciéndole una copa de champagne. No era propio de un auror en servicio tomar alcohol, pero esta era una ocasión especial, por lo que la aceptó con un asentimiento de cabeza.
Snape le miró, y Neville creía qué era lo que quería decirle. Lo que había visto y oído no debía ser comentado. "No diré nada", con el coro de tantas voces gritando por una Feliz Navidad, era imposible que le escuchara pero al parecer el hombre había leído a la perfección sus labios, ya que la tensión en sus hombros parecía haberse relajado. Su copa se extendió hacia él, y con una ligera sonrisa hizo lo mismo.
-Feliz Navidad, profesor. -Dijo, tomando un trago, ese gesto sería lo más cercano a un "gracias" por parte del hombre. Snape solo asintió con su cabeza.
Pudo notar la mirada penetrante de un rubio con aspecto nervioso desde el otro lado del lugar, pero nada que una mirada asesina no pudiera solucionar. Lucius Malfoy desapareció entre la gente, en dirección hacia las chimeneas.
El resto de la noche siguió igual de aburrida, como debía de ser. Ahora sin tantas charlas de negocios y con conversaciones un poco más atrevidas influidas por el alcohol. Cuando Snape volvió a acercarse a él, supo que todo se había terminado. Si bien se habían encontrado en el Ministerio, Naville se aseguró de dejar claro que su trabajo terminará cuando estuviera seguro en su casa y el hombre solo asintió, su copa nunca había permanecido vacía, por lo que se le notaba un poco bebido, aun así mantenía el temple. Aunque sus ojos negros se encontraban un poco vidriosos y con su usual cara pálida un poco acalorada.
Snape se acercó a él, demasiado, poniéndolo nervioso. Neville se recrimino que no debía reaccionar de esa manera hacia su ex-profesor... Poniéndose aún más colorado. Lejos de sus pensamientos estúpidos, su brazo fue tomado y desaparecieron del Ministerio. Solo Snape podía hacer una aparición doble estando ebrio y aún permanecer en una pieza. Neville habría perdido un brazo, como mínimo. Además, era la primera vez que veía a alguien desaparecerse dentro del recinto, siempre creyó que eso no era posible... ¿Sería uno de sus privilegios?
-Puede pasar. -Dijo Snape, abriendo la puerta. Le tomó un par de segundos reaccionar ante eso.
-¿Eh? Creí que... Solo lo que durará la fiesta...
-Ya demostró ser muy bueno analizando las situaciones que se presentan ante usted, auror Longbottom, considero que no hace falta explicaciones.
No estaban hablando sobre la misión... ¿Verdad? Le estaba invitando a pasar... Y todo lo que eso conllevaba ¿Acaso noto su mirada hacia unos momentos? Estuvo tentado a explicarle que solo estaba nervioso, pero aclararlo sería igual de patético... Quizás fue el hecho de que hacia tiempo que no tenia sexo con nadie, o tal vez la idea de que al volver a casa, nadie le estaría esperando. Solo supo que había dado un paso hacia el hombre frente a él, y luego otro, y la puerta de casa se cerró, con él dentro.
Neville podía escuchar el retumbar de su corazón en sus oídos, para nadie era un secreto su homosexualidad y, cuando salió del "closet" delante de sus amigos, estos le miraron como si les estuviera contando una historia vieja que ya había perdido la gracia. Aun así, nunca imaginó que Snape también lo fuera. El hombre ingresó a la estancia con la seguridad de que le seguiría, y así lo hizo, llegó al living y a Neville le temblaron las manos cuando intento desabrocharle la parte superior de su atuendo. Por otro lado, el profesor se acercó a un pequeño mueble con copas y bebidas, volteándose hacia él con un vaso en mano.
-¿Qué haces? -Le pregunto y con la expresión que le estaba dando, Neville sabía que había interpretado todo como la reverenda cagada.
-Yo...
-Te invite a pasar para dejar claro que lo que pasó durante la fiesta no debe ser reportado a tu jefe. -Dijo, tomando un sorbo de su bebida y bajando su mirada. Por inercia, apretó su ropa contra su pecho.
Neville sintió los ojos picarle, la vergüenza era tal que tenia ganas de llorar y con ganas ¡Que idiota! La chaqueta que tenía entre manos se le cayó al suelo cuando las mismas dejaron de funcionarle bien, rápidamente la recogió y torpemente intentó ponérsela, haciendo un desastre con los botones ¿Acaso no había un límite de cuánto podía humillarse esa noche? Por lo menos no se había quitado los pantalones.
-L-lo lamento profesor, enserio, yo no pretendía...
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Severus casi se sintió mal por el joven parado en su sala, casi. Era como verse a sí mismo en sus años de juventud cuando Lucius lo mandaba a volar en mitad de la noche.
Cuando solicito un auror imagino a cualquiera, menos a Neville Longbottom. Lo que recordaba del chico era más que lamentable, era patético en el uso de la magia, más capaz de ser un Squib que un verdadero mago. No había heredado un solo gramo de la fuerza de sus padres y se deshacía en mocos y lágrimas ante la mínima provocación. Aun así, cuando llegó al Ministerio espero ver al mismo muchachito nervioso y con postura encorvada que en Hogwarts, pero el hombre que sería su escolta esa noche era todo, menos un niñito llorón. Por un momento, creyó estar frente al mismísimo Frank Longbottom.
Definitivamente su hijo había cambiado y para bien. Bastante bien en realidad, enfundado en un traje que se adaptaba a su figura alta y esbelta, era notorio como el entrenamiento de auror le había proporcionado un cuerpo fuerte y fibroso, que le hacía ver muy varonil. Ya sin todo ese acné que tenía en sus tiempos de la adolescencia, su rostro se veía mucho mejor. Por supuesto que era lógico que una persona cambiara mucho una vez dejaba la escuela, por lo que en sí la sorpresa no se reflejó en su rostro. Aunque parecía ser igual de torpe con las palabras.
Severus estaba en ese lugar solo para negociar y crear contactos, los necesarios para hacer crecer su negocio, por lo que tener a un auror cuidándole el culo solo arruinaría eso. Las personas no solían sacar sus verdaderos intereses frente a un agente de la Ley. Se aseguro de dejar claro dos simples ordenes, que hasta el mas idiota podía seguir y el chico hizo un trabajo estupendo pasando desapercibido.
Su noche tranquila se convirtió en un trago amargo cuando Lucius apareció. Con su porte derecho y con su presencia imponente, no tardó mucho en venir y espantar a las personas que se habían atrevido a acercarse a él, invitándolo/presionándolo a ir a un lugar más íntimo para charlar. Las cosas entre ellos siempre habían sido un torbellino de caos, solo en la cama parecían encontrar tranquilidad y duraba lo que Lucius tardaba en recordar que en su casa yacía una esposa y un hijo que le esperaban. Luego de la guerra, el muy cobarde había huido a Francia, alegando que era mejor esperar a que la sociedad de calamara y, ahora que por fin Severus pudo estabilizar una imagen -dentro de todo positiva- en la sociedad que ayudaba a sus intereses, el hombre volvía pretendiendo que su relación volviera también. Le había dejado claro hacía meses que eso no sucedería y el muy imbécil creía que solo se estaba haciendo de rogar.
-...Cisa no pondrá pegas ahora que Draco es un adulto, así que podremos pasar mucho tiempo juntos, eso era algo que en el pasado tanto te molestaba ¿No te agrada?
Hace años, cuando había sido joven y estúpido, creyéndose enamorado, esas palabras habrían sido el mejor regalo que pudiera recibir en Navidad. Ahora, esa propuesta no era más que basura. Claro que para el niño mimado de su ex-amante, un "No" era algo que nunca iba a aceptar, aun si era necesario utilizar la fuerza para obtener el si. No sabia que diablos le paso en el exilio, pero se había puesto bastante idiota y el Lucius de hacia años nunca haría ese tipo de escena en un lugar como ese, donde las paredes tenias ojos y oídos.
Lamentablemente, Severus siempre había sido igual de débil ante sus caprichos... Acorralado, un pequeño pensamiento había cruzado por su cabeza: "Una última vez, y esta vez para siempre".
¿Cuántas veces había usado la misma frase? La última vez... Muchas.
Entonces Longbottom apareció, irradiando la autoridad propia de un auror y la voz grave al hablar le hizo cosquillas en los oídos. Vaya... Quién lo diría... Era un auror, por lo que no le asombró no haber sentido su presencia hasta ese momento, realmente era competente. Hizo un buen trabajo, básicamente para lo que lo había solicitado: mantener a las personas inadecuadas alejadas. Eso no quitó que no estuviera igual de abochornado por su presencia en ese momento.
Al igual que otras veces en el pasado, sus antiguos alumnos no hacían más que sorprenderlo. Tampoco le sorprendió que Lucius saliera corriendo, ¿Quién no lo haría? La cara seria de Longbottom era todo menos amistosa, sus ojos demostraban que tan serio era con su trabajo, solo faltaba que alguien diera un paso en falso para que fuera hechizado y reducido en cuestión de segundos. No había sido adecuado de su parte recriminarle su accionar, pero el mocoso le dejó claro que solo estaba cumpliendo con su deber, sin dejarse intimidar como en la escuela. Hasta tuvo la delicadeza de dejarle solo sin hacer muchas preguntas.
Quizás había tomado de más en la fiesta, su humor tampoco era el mejor y ya estaba cansado de tener a brujas revoloteando sus pestañas falsas a su alrededor. Quizás estaba un poco frustrado y decepcionado, tal vez por las fechas. No supo bien cuál fue el motivo que su razón utilizó para excusarse, pero su cuerpo solo se movió hacia el joven parado aun en su living.
No era del todo desagradable tener a un joven mago dispuesto a acostarse con él. El morbo de follarse a un ex-alumno era excitante y, aún siendo quien era, las ganas no se apagaban. El chico temblaba de la vergüenza, con lágrimas acumuladas en sus ojos y sacándolo de quicio con esos botones. Parecía pretender seguir disculpándose cuando se aproximó, pero era mucho más guapo callado. Lo tomó por el cuello, empujándolo hacia su boca. El tiempo lo había vuelto unos centímetros más alto.
El chico reaccionó sorprendido, mojando sus mejillas con lágrimas contenidas. Ante su falta de respuesta Severus creyó que ya se había arrepentido, pero entonces noto unas manos torpes agarrando su túnica, reduciendo aún más la distancia. El beso se volvió demandante, con más lengua y dientes de lo que prefería, pero no iba a ser exigente esa noche.
Tomó su varita para deshacerse del resto de su ropa, teniendo al chico completamente desnudo para él.
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Neville sintió el frío en toda su piel, volviéndose de gallina. Ni siquiera tuvo tiempo para sentirse abochornado por la ausencia de ropas cuando noto como su cuerpo era empujado hacia abajo, de rodillas en la alfombra ¿Qué tipo de magia no verbal era esa? Aun si no tenía mucha experiencia, supo que era lo que le estaba pidiendo... ordenando, hacer. Callo de rodillas, apartando con sus manos las túnicas de su profesor, abriéndose paso hasta tener su duro pene enfrente de su rostro. Era tan pálido como el resto de su piel, liso y con la cabeza brillante en rojo. Estuvo a punto de tomarlo, cuando una mano tiró de su cabello, obligándolo a subir la mirada.
-Sin dientes, la pasarás mal si llegas a morder. -Dijo Snape, con la voz pesada y, sin mucho más, lo empujo hacia su erección.
No era del sexo rudo, pero definitivamente eso se estaba volviendo extrañamente morboso, pero no menos placentero. Neville tomó tanto como pudo, asegurándose de ocultar muy bien sus dientes y controlando las arcadas cuando llegaba muy profundo en su garganta. Mierda, hacía tanto que no estaba con un hombre que todo su cuerpo se estremecía de placer. El mundo mágico no era muy abierto en cuanto a parejas del mismo sexo se trataba, por lo que sus muy contadas aventuras eran protagonizadas con algún tío que nunca cumplía al cien sus expectativas y el sexo era rápido e incomodo al final. Tal vez era la abstinencia, pero nunca había estado tan excitado como ahora.
Tuvo que apartar su boca cuando su trasero fue llenado por algún líquido y, luego, algo vibró en su interior ¿Qué diablos era eso? No sabía qué hechizo había lanzado Snape sobre él, pero lo que sea que fuera se estaba sintiendo tremendamente bien. Sentía algo pequeño que estaba tocando justo en el lugar correcto, no podía evitar perderse un poco en el placer y los gemidos se le escapaban de la garganta. Sus manos intentaron suplantar el trabajo de su boca hasta ahora, pero al parecer eso no era suficiente, ya que su cabello fue tirado nuevamente.
-No te detengas ¿acaso quieres ser el único sintiéndose bien? -Dijo Snape, aun si parecía estar reprendiéndole, su rostro reflejaba estar muy satisfecho con sus reacciones. Su cuero cabelludo fue liberado, tomando su barbilla y ubicando su pene enfrente de su boca. Neville la abrió, tomando la cabeza y succionando, pasando su lengua sobre el glande. Esta vez, no cerro los ojos y se perdió en los negros que no dejaban de observarle. Snape dejaba escapar pequeños suspiros, dejando un par de caricias en su cuello, animándole a llegar hasta la base. Nunca había sido un alumno ejemplar, pero mierda si no se estaba esforzando por hacer la mejor mamada de su vida. -Abre más las piernas.
Así lo hizo. Snape le acaricio su sensible pene con sus zapatos, de vez en vez, su testículos eran aplastados y sus quejidos se perdieron en su garganta con su erección llenándole la boca. Se encontraba casi al límite, todo simplemente era demasiado y ya no podía aguantar más. Como si el hombre pudiera saber lo que estaba pasando con su cuerpo, la vibración en su trasero se detuvo y el cuerpo frente a él se alejó.
-Recuéstate sobre la alfombra. -Casi gruñó el profesor, sin dejar de verle. Como si la vergüenza hubiera vuelto en avalancha, Neville sintió la cara en llamas. Realmente eso iba a pasar, no habían comenzado bien pero realmente estaban a punto de tener sexo. Aun un poco cohibido, se colocó boca arriba sobre la mullida alfombra. La chimenea daba la iluminación justa para poder ver como Snape apuntaba su varita hacia su pene y este era envuelto en una especie de preservativo. Espera... ¿Eso era posible? ¡Necesitaba aprender eso! No tuvo demasiado tiempo para seguir pensando, cuando el hombre se acomodó entre sus piernas y, sin ningún aviso, introdujo su varita dentro de su ano, lubricando aún más la zona.
Joder... Que casi se había corrido...
Sintió la punta chocar en su entrada y no tardó mucho antes de sentir que su cuerpo se resistía.
-¿Eres virgen? -Escucho, Neville tenía los ojos cerrados del dolor. No es que lo fuera, pero hacía tanto que no tenía intimidad con nadie y mucho menos estando abajo, que era lógico que reaccionara así.
-No, pero... -La voz le tembló, ese no era el momento de ponerse sentimentales. Trago fuerte, intentando relajarse aunque no lo estaba logrando del todo.
-Respira. -Murmuró sobre su oído Snape, tomando su erección y masajeándola, de arriba a abajo. Suspiro de placer, logrando llenar de aire sus pulmones y su cuerpo, luego de unos minutos, comenzó a relajarse, permitiendo a su profesor llegar cada vez más adentro. Ya en su boca supo que tenía un tamaño considerable, pero tenerlo dentro era una experiencia completamente distinta, se encontraba totalmente lleno cuando este le dijo que se tomara su tiempo.
Neville no era del tipo que necesitará de muchas atenciones para estar listo, por lo que no tardó mucho antes de menear sus caderas para decirle que estaba bien. Ahí supo que toda la caballerosidad de Snape se había terminado. Las primeras penetraciones fueron gentiles, luego el ritmo fue subiendo y al siguiente ya ambos se encontraban gimiendo, perdidos en el placer. El profesor estaba demostrando no ser solo hábil en la magia, sus estocadas eran precisas, rozando ese punto una y otra vez.
"Si, ¡si!... Así, ahí, justo ahí... Más...", ya ni siquiera sabía si lo estaba pensando o las palabras eran dichas en voz alta. Neville tenía las uñas enterradas en la alfombra, rasguñándola porque no se atrevía a hacer eso en el cuerpo de su antigua profesor. Su cuerpo se sentía explotar y supo que el otro estaba igual, ya sus gemidos se habían convertido en lloriqueos con Snape masturbandolo al ritmo de las embestidas cada vez más rápidas.
Acabo al mismo tiempo que su profesor, quien cubrió sus gemidos con su boca, metiendo su lengua en lo más profundo. Neville ni siquiera podía moverse, su cuerpo se había quedado laxo luego de ese mar de sensaciones, por lo que se dejó besar sin poner mucho esfuerzo. También dejó que le volteara, y no puso muchas pegas cuando le sintió entrar de nuevo, igual de duro que antes. Él tampoco tardó en recuperar la excitación.
-Hey, aprieta un poco más. -Neville quería, pero en serio que su cuerpo no le respondía del todo bien. Entonces su trasero fue amasado y abofeteado, logrando que contrajera los músculos.
-¡D-duele...!
-¿A quién quieres engañar? -Gruño Snape sobre su oído, su respiración chocando con la concha de su odio le volvía loco, era demasiado sensible ante eso. -No es solo dolor lo que sientes.
Y tenía razón. Definitivamente no era del tipo que disfrutara del sexo rudo, pero con Snape era mas que aceptable y terriblemente excitante. Aun así iba a quejarse, pero el hombre abandonó su cuerpo, desconcertando ¿Se había molestado? Intentó darse la vuelta, pero una mano presionó su cabeza contra la alfombra, dejando la parte inferior de su cuerpo más expuesta y nuevamente sintió la vibración de un objeto extraño. El aire escapó de sus pulmones en el momento en que el miembro de Snape volvió a entrar, presionado esa cosa más adentro, junto en su próstata. Lo siguiente que hizo fue follarle aún más duro.
Ardía, molestaba... pero estaba bien, muy bien. Neville estaba disfrutando como nunca en su vida, ni siquiera sabia que el sexo podía sentirse así o que él pudiera vivir una experiencia igual. Seguramente mañana su cuerpo le pasaría factura, aun así... ¡Por Merlin! Estaba pasando la mejor navidad de su vida.
Sus gemidos se habían vuelto quejidos sin forma, Snape no le daba tregua y sus manos le apretaban fuerte la cadera. Seguramente mañana abría una marca. Neville sentía que nuevamente iba a acabar, justo entonces el hombre se acomodó sobre él, pegando su pecho con su espalda, obligando a bajar las caderas y haciendo que su miembro se frotara con la alfombra. Un par de dedos se colaron en su boca, y por inercia los tomó, lamiéndolos y chupándolos. La mano restante tomó unos de sus pezones, pellizcados sin piedad. Tantas sensaciones eléctricas recorriendo el cuerpo hicieron que cerrara demás la boca.
-Te dije que no mordieras. -Escuchó en su oreja izquierda, intentó decirle que no fue a propósito, pero los dedos se lo impidieron, jugando con su lengua. Como castigo, la lengua ajena delinea la superficie de su cuello, para luego morderlo.
Neville por primera vez creía que podía correrse sin ser tocado. Con sus manos temblorosas intentó apartar la mano que lo tenía amordazado. -Pro... Profe- ¡Ah! ¡Profesor... Yo...! -Snape le dio una última orden, antes de voltear su rostro y besarle con fiereza: "Hazlo."
Su mente se nublo, liberando las tensiones y derramándose sobre la alfombra, sintiendo el peso del cuerpo de Snape sobre él. Ambos se dieron tiempo en recuperarse, Neville advirtió como el beso iba perdiendo fuerza y solo era un simple toque de labios. Les tomó un poco más recuperar el aire.
Con la mente en frío, Neville espero a ser liberado para poder moverse. El pene flácido del profesor de deslizó fuera sin más, y cuando Snape se separó de su cuerpo, poniéndose de pie, le escuchó murmurar un encantamiento Fregotego, dejándolo como si nadie hubiera pasado. Como pudo se medio sentó, mirando como este le daba la espalda y se arreglaba la ropa, ya que en ningún momento se la había quitado. Por otro lado Neville estaba completamente desnudo, aún en el suelo esperando que sus piernas dejaran de temblar. Agradeció que no le estuviera mirando, eso volvía menos vergonzoso todo.
-Cuando estés listo, usa la chimenea. -Dijo Snape, desapareciendo por un pasillo. Luego escuchó una puerta abrirse y siendo cerrada momentos después.
Así era mucho mejor. En el momento en que creyó poder ser capaz de pararse, lo hizo, se colocó sus ropas y se metió en la chimenea, apareciendo en su hogar.
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Neville llegó el 25 a trabajar puntual, siendo unos de los pocos del cuartel sin problemas de resaca, pero con una pequeña molestia en la espalda baja. Al levantarse esa mañana, entró en pánico ¿Y si Snape le delataba con su jefe? Al fin y al cabo él no había pretendido invitarlo para eso, pero al final lo hicieron y ambos parecían estar de acuerdo... Luego, con una taza de café en el sistema, analizó mejor la situación e intentó relajarse. El ex-mortifago no era ese tipo de persona, tampoco podría sacar nada ventajoso del chantaje, por lo que al llegar a su trabajo lo hizo de manera tranquila.
Claro, hasta que la secretaria del Jefe le mandó a llamar...
Seamus le tiró un par de miraditas desde su escritorio, preguntándole con la mirada si todo estaba bien, pero ni siquiera él sabía si lo estaría. Casi sintió el camino hacia la oficina del Jefe como un deja vu, esta vez sin ningún tipo de nerviosismo... Su mente había asumido que su carrera se había acabado, y ni siquiera le sorprendió el sentimiento de alivio que prevalecía en su pecho.
-Buenos días, señor. -Dijo en modo automático, delante del mismo escritorio abarrotado de papeles, donde suponía que había alguien sentado del otro lado.
-Auror Longbottom, buenos días. -Escucho, y en su consideración era un tono muy amable para estar a punto de ser echado. -Recibí información de su misión de anoche ¿Estuvo bien?
¿Qué tanto debería responder?
-Bueno...
-Me alegro, en las fiestas del Ministerio siempre se come bien. -Parecía que su Jefe también estaba en modo automático esa mañana. -Luego quiero ese informe terminado para esta tarde, mientras tanto, Snape te solicito como su auror personal en lo que tardamos en descubrir quién está detrás de las amenazas. -Esta vez, su Jefe levantó la vista de los papeles y, no sabia que cara estaba poniendo en ese momento, pero sus palabras tenían más intenciones de ser un consuelo que una solicitud de despido. -Se que se escuchan muchas cosas sobre Severus Snape allá afuera, pero para el Ministerio y para el cuerpo de aurores es una fuente importante de información, así que espero que mantengas una postura profesional. No digo mucho esto, pero eres uno de nuestros mejores hombres, Longbottom, se que harás un muy buen trabajo, como siempre.
Neville salió de la oficina aun con su trabajo y una nueva misión en sus manos...
Cuando llegó a su escritorio ni siquiera prestó atención a los quejidos de Seamus, curioso por saber qué había pasado, ni los pedidos desesperados de Thomson para que reprendiera al Irlandes por dejarlo hacer todo el trabajo de papeleo. Ese día terminó antes que el resto, entregó el papeleo de su misión de anoche y se despidió de todos, explicándoles que a partir de mañana le verían poco y nada, ya que estaría de guardaespaldas por tiempo indefinido.
El 25 paso rápido y la mañana del 26 ya estaba vestido y preparado para su nuevo trabajo.
El informe decía que tenía el permiso de aparecerse en la casa de Snape o bien utilizar la red flu para llegar, comenzando desde las nueve de la mañana y estando alerta en todo momento sobre cualquier movimiento fuera de la casa, siendo especialmente cauteloso cuando se encontraran en el negocio de pociones. Debía seguirlo, a donde quiera que esté fuera y protegerlo de cualquier amenaza.
Nada más llegar a la vivienda por la chimenea, fue recibido con el silencio. Allí no había nadie. No sabía si debía esperarlo en la sala o salir a buscarlo, pero a nadie le gustaría que un desconocido husmeara en su casa, mucho menos si el dueño de casa era su ex-profesor. Aun así, estar en ese lugar solo le traía recuerdos y ni siquiera era capaz de mirar la alfombra. Al final optó por quedarse parado en el medio del lugar con la mirada clavada en las estanterías de una de las paredes. Mantuvo su mente ocupada leyendo los títulos de los libros y adivinando los idiomas de aquellos que no reconocía.
Ni siquiera supo cuánto tiempo estuvo ahí, hasta que una voz le habló.
-¿Qué haces ahí parado?
Neville se volteó en su dirección, siendo recibido por un Snape que le miraba como un bicho raro. No pudo evitar sentir sus mejillas acalorarse, este estaba vestido con un sueter negro de cuello alto que se le pegaba al cuerpo y unos pantalones igual de negros. Su cabello que ayer estaba tirado hacia atrás ahora caía por su frente, haciendo menos pronunciadas sus facciones. Se veía muy bien en realidad...
-Estaba esperándole. -Contestó, cohibido por la situación.
-¿Desde hace más de una hora?
-B-bueno... No sabía qué tanta libertad tenía... -Dijo, sintiéndose bastante tonto.
-La suficiente como para sentarte en el sillón. -Dijo Snape, frotando su frente. -También puedes pasar al baño, y la cocina está en la siguiente puerta, trabajo en el sótano por las mañanas. No tienes permitido entrar ahí. Después del mediodía voy a mi negocio, y cierro cerca de las siete, luego de eso estarás libre.
-Oh, bien. -Dijo rápidamente, anotando en su memoria todos esos datos. Tenía muy buena memoria... lamentablemente. -Daré mi mejor desempeño como su auror, profe- ¡Señor! ¡Señor Snape!
El silencio se hizo entre los dos, Neville intento, realmente muy duro, no bajar la mirada y pararse adecuadamente. Snape por su parte le observaba, no sabía que estaría pensando pero esperaba que fuera lo que fuera, no dudara de sus capacidades aún después de lo que había pasado anoche. Luego de un tiempo, que se le hizo eterno, habló.
-Ahórrate lo de "señor", es desagradable. -Dijo, dándose la vuelta para entrar por una puerta que, seguramente, diera al sótano. Antes de cerrarla se detuvo y, sin mirarle, murmuró lo suficientemente alto como para que Neville le escuchara. -Si luego de las siete deseas quedarte, eso depende de ti.
Entonces la puerta se cerró, dejando a un muy avergonzado Neville, de pie en el living.